La calidad educativa del país

Una maestra amenaza a sus estudiantes, otro los insulta, una más entiende que su desnutrición les impide concentrarse y aprehender ideas, otro los inspira y escucha. Entrevisté a un centenar de educadores de escuelas públicas. Hablaron de sus debilidades personales, del monopolio sindical, de la falta de apoyo para ponerlos al día, de instalaciones deplorables, de la pobreza de sus estudiantes; pero también la mayoría considera una misión trabajar en la educación, les gustaría hacerlo mejor y no tienen claro por dónde empezar.

 

Y ojalá pudieran hacerlo mejor, porque las y los maestros son la clave de la calidad educativa del país. Y justamente ése es el acierto del documental De panzazo: el drama de la educación en México, dirigido por Juan Carlos Rulfo y producido por Carlos Loret; en él, las y los estudiantes documentan su realidad. De cada 100 mexicanos, sólo 60 terminan la secundaria, 14 millones de estudiantes de primaria y secundaria no comprenden lo que leen, y ocho de cada 10 de secundaria no saben multiplicar. El problema no es económico; uno de cada cuatro pesos del presupuesto se va a la educación, pero ¿a qué bolsillos?

 

Loret entrevista a Elba Esther Gordillo en el documental, y la pone contra la pared al preguntarle por qué no permite que se evalúe a maestras y maestros; ella culpa a la SEP de Lujambio. Aunque se sabe que Calderón amarró las manos del secretario de Educación, poniéndole como subsecretario al yerno de Gordillo. El sindicalismo corporativo necesita la complicidad de un profesorado que se siente protegido por un sistema de lealtades políticas y no de merecimientos. Eso le otorga a la líder una moneda de cambio, el poderío electoral para arrancar más prebendas políticas que ofrecer a sus cuadros y perpetuar su poder. El espaldarazo que antier ofreció públicamente a Peña Nieto, deja claro que acaba de comprar seis años más de longevidad.

 

Es poco lo que pueden hacer madres y padres para mejorar la educación de sus hijos e hijas: la gran mayoría carece de las herramientas y el tiempo. El 26% de los hogares son monoparentales con mujeres que trabajan 12 horas al día. Treinta millones de parejas trabajan más de ocho horas diarias fuera del hogar. Casi 8 millones de hombres y mujeres de México son analfabetas. El 70% de las mujeres trabajan fuera del hogar y el 80% dedica su “tiempo libre” a tareas domésticas. Aunque la modernidad ha propiciado que las mujeres tengan más estudio y trabajo, la mayoría gana menos que ellos. A los hombres, las empresas no les dan derecho a guarderías ni tiempo para convivencia familiar y tareas domésticas. La desigualdad es un factor decisivo; nos hemos modernizado en unas cosas, pero estructuralmente seguimos culpando a las mujeres por su ausencia en el hogar y como responsables únicas de la educación.

 

Efectivamente, todo el país es responsable de mejorar la educación: los medios, las familias, el Estado. Mucho se avanzaría con nuevas generaciones capaces de educar bien. Necesitamos mejores guarderías y empresarios que faciliten horarios para posibilitar la labor paterna y materna. Pero la clave sigue siendo la falta de calidad magisterial y la imposibilidad de evaluarles. Gordillo acaba de garantizar seis años más de rezago educativo en México, ahora de la mano de Peña Nieto, ¿lo permitiremos?

El amor no mata

Alí Desirée cumplió 24 años el 20 de septiembre, estaba a punto de graduarse en Letras Clásicas de la UNAM, emocionada con la idea de convertirse en escritora (ya había publicado algunos poemas), esta campeona ajedrecista, hija de madre mexicana y padre panameño, celebró su vigésimo cuarto cumpleaños con Osvaldo Morgan Colón, su ex novio, con quien había terminado dos semanas antes. Osvaldo le pidió que siguieran siendo amigos, ella aceptó. Luego de la fiesta, Osvaldo asesinó a Alí de 25 puñaladas y, asustado, buscó a un amigo para confesarle el crimen.

 

Aunque el hermano del joven asesino, Humberto Morgan (ex diputado de la Asamblea Legislativa y actual funcionario de la Secretaría de Educación) ha intentado que se exonere a Osvaldo, luego de un año de juicio, el Poder Judicial del DF impuso una sentencia de 42 años de prisión por homicidio calificado con saña (crueldad) y alteración voluntaria (presencia residual de drogas en la sangre).

 

Su hermano no es el único que le justifica; algunos amigos han dicho que era “celoso, pero normal”, “controlador, pero lo normal”, “quería que Alí le obedeciera, como es normal”, “un muchacho tranquilo, pero con arranques de ira (normales)”. Lo cierto es que, según amigas de la joven asesinada, Alí terminó la relación porque él tenía “ataques de celos incontrolables”. Durante la relación, las alarmas de la violencia salieron a la luz y nadie lo tomó en serio. Incluso después de muerta, la familia de él la culpó de haber “provocado la discusión que lo hizo enojar”.

 

Curiosamente, este caso, como la mayoría de feminicidios, es definido por la gente como “anormal”; pero las cifras demuestran lo contrario. Solamente en el Estado de México, cada dos días una mujer es asesinada. Más del 80% de los feminicidios los perpetra un novio, esposo, ex esposo o conocido de la víctima, mientras que la mayoría de muertes violentas de hombres son perpetradas en las calles por otros hombres, no por razones relacionadas con el género o los afectos.

 

La muerte de Alí ha despertado un gran interés en hombres jóvenes por entender las razones por las cuales la violencia en el noviazgo aumenta en México (Informe SEP 2009). La organización de hombres contra la violencia: http://www.gendes.org.mx/www.gendes.org.mx, trabaja en ello bajo el principio de que los valores y comportamientos asumidos desde la identidad masculina tradicional, son producto de una construcción social que normaliza esos comportamientos e incluso los celebra o minimiza. Estos expertos aseguran que todo hombre que decida cambiar sus patrones de conducta respecto a las mujeres puede lograrlo, y su trabajo con hombres lo demuestra claramente.

 

Alí era una joven feminista, defendía los derechos de las mujeres y niñas. Era amorosa y confiaba en que los hombres, como las mujeres, eligen ejercer violencia o evitarla. Osvaldo eligió asesinarla. Ella había escrito un poema que dice: “En mi jardín en mi quietud/la mirada imantada llama,/el silencio se mueve entre las alas/escúchalo/como si todas las flores hablaran/y el cielo abriera su único ojo (el sol)/no temas a aquel cíclope enorme/mira fijamente pero dice la verdad”. Su legado para los estudiantes de la UNAM podría ser trabajar contra la violencia en el noviazgo y crear un movimiento de nueva masculinidad. Porque el verdadero amor, dice el Facebook de las amigas de Alí, no es violento. A estas nuevas generaciones les toca reinventar el amor y la equidad.

 

Lydia Cacho
Publicado en El Universal:
http://www.eluniversal.com.mx/columnas/86049.htm