Conceden a Lydia Cacho premio por defender los derechos humanos

Chetumal, QR, 11 de diciembre. La periodista Lydia Cacho Ribeiro fue galardonada con el premio estatal de derechos humanos 2006, que por primera vez se entrega en Quintana Roo. La autora del libro Los demonios del Edén recibió el galardón de manos del gobernador Félix González Canto, reporta La Jornada.
Hace casi un año, Lydia Cacho fue detenida en Cancún y trasladada a Puebla, acusada de los delitos de difamación y calumnias debido a su mencionado libro, en el que denuncia una red de pederastas y prostitución infantil encabezada por Jean Succar Kuri y en la que se menciona como protector del anterior al empresario Kamel Nacif.
La periodista originaria de Cancún compartió el premio con la profesora Lilí Conde Medina, quien ha desarrollado una permanente labor de apoyo espiritual entre los internos del Centro de Readaptación Social (Cereso) de Chetumal.
La distinción a Lydia Cacho y Lilí Conde fue entregada como reconocimiento a su labor permanente y efectiva en favor de los derechos humanos en la entidad, en el marco del 58 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Quintana Roo, Gaspar Armando García Torres, afirmó que el galardón representa el reconocimiento de la sociedad quintanarroense al ciudadano o ciudadana que se ha destacado por la promoción y defensa de los derechos humanos
El premio estatal de derechos humanos consiste en una medalla de plata de 8 centímetros de diámetro.

Respuesta a demanda de víctima de Succar Kuri

Luego de que se hiciera pública la existencia de una demanda civil en contra de la periodista Lydia Cacho, interpuesta por Edith Encalada Cetina, Cacho explica las implicaciones de este nuevo juicio en su contra.
Edith Encalada fue la primera víctima que tuvo la valentía de denunciar a Jean Thouma Succar Kuri por los delitos de violación, corrupción de menores y pornografía infantil. Yo sigo considerando que fue una heroína por atreverse a retar a su verdugo, gracias a ella otras víctimas se atrevieron a detener a este pederasta que sin el menor empacho confiesa ante la propia Edith, en el ya famoso video mostrado en los noticieros, que le gusta violar a pequeñas hasta de cuatro años.
Yo no he recibido ningún citatorio, aunque me enteré por terceras personas, el citatorio llegó a Random House Mondadori, casa editorial de la firma Grijalvo que publicó mi libro Los demonios del Edén. Vía telefónica supe que dicha demanda la interpuso la joven de veintitrés años en un juzgado del Distrito Federal y es en contra de la Editorial y en contra mía. El argumento, según me explican, es que reclama una suma millonaria por derechos de autor. Como si la historia publicada fuese la vida privada de un cantante famoso y no la ignominia de un delincuente que medró durante años con más de un centenar de niñas y niños para fines sexuales y pornográficos. Los demonios del edén es una investigación periodística de muchas tragedias, no es la vida de Edith. Incluso utilicé pseudónimos con el fin de proteger su identidad. Cuando el libro salió a la luz, el caso ya había sido publicado, incluyendo documentos y fotografías, en varios medios durante un año. Mi libro es el resultado de docenas de entrevistas a protagonistas involucrados, abogados, policías, investigadores, funcionarios públicos, expertas en violencia y muchas víctimas y sus familiares. La pretensión de la demandante, de que alguien le robó “su historia privada” es absurda.
Por otra parte asume que el libro me hubiera dejado millones de pesos. De hecho la venta inicial me dejó una suma menor, no fue sino hasta después de que Kamel Nacif me mandara torturar y encarcelar en colusión con el Gobernador Mario Marín, que mi libro se vendió significativamente. En realidad me siento agradecida con mis lectores, pues gracias a que han comprado el libro yo he podido pagar casi ochocientos mil pesos, es decir todas las ganancias de la venta, en mi defensa jurídica a lo largo de un año y en viajes a la capital para demandar ante la PGR a mis agresores.
Estoy tranquila; tengo pruebas de que la propia Edith, mucho antes de conocerme habló con medios de comunicación, que fue ella misma quien buscó a periodistas para defenderse de la corrupción dentro de la Procuraduría de Justicia de Quintana Roo. También tengo pruebas de las presiones a las que fue sujeta durante este tiempo, pruebas que ella me entregó incluso luego de publicar el libro. Tengo pruebas de las presiones que le impusieron Succar, su esposa Gloria Pita y sus cómplices millonarios. Por eso sospecho que hay alguien más detrás de ella.
Efectivamente Edith llevó a algunas niñas con Succar, pero lo hizo siendo menor de edad y bajo fuertes presiones de la red que la abusaba, en la que está la esposa de Succar Kuri y la administradora María Moctezuma. Con Edith Encalada intentamos aplicar el principio de Justicia Restaurativa. La justicia restaurativa presenta un marco en que el crimen es visto principalmente como una ofensa en contra de la víctima y la familia de la víctima. La justicia restaurativa recupera este foco y se interesa primordial y esencialmente por los daños causados por los actos criminales. Para romper los ciclos delictivos en que las víctimas se convierten en victimarias es necesario protegerlas, especialmente cuando estas son adolescentes; pues generalmente son ellas las que mejor conocen a los delincuentes y quienes pueden ayudar a la autoridad a detener redes criminales de trata de niñas, niños y mujeres como la de Succar. O por el contrario, pueden colaborar a la protección del delincuente para más tarde, como la esposa de Succar, seguir explotando a cientos de niñas a cambio de dinero.
Todos los días vemos a víctimas de trata de personas, como Edith y las otras niñas y niños, que se retractan por miedo, porque sus agresores compran a los familiares o les amenazan –o ambas cosas a la vez- y porque el Estado es incapaz de darles protección y seguridad.
El problema para Edith Encalada en el caso Succar Kuri, es que otras niñas han seguido denunciando y siguen valientemente el juicio, aportando elementos irrefutables, hay fotografías y videos pornográficos. Por esas niñas, por su fortaleza y honestidad, por el apoyo del abogado Xavier Olea y por algunas autoridades de Quintana Roo, Succar Kuri está en el penal de alta seguridad de La Palma.
Así las cosas, aunque Edith siga accediendo ante las presiones de la defensa de Succar, para retractarse de sus declaraciones iniciales ante Ministerios Públicos del fuero común y del federal, Succar no se salvará de una severa condena. En cambio, si Edith persiste en falsear su versión, incurre en el delito federal de falsedad de declaraciones y acabaría en la cárcel. Esa sería una terrible injusticia. Lo que Edith y las demás víctimas merecen es que su agresor esté preso, y que se les pague resarcimiento del daño para que puedan tener terapias personales y familiares, estudien y rehagan su vida.
Pero esto nos lleva al verdadero fondo de la historia: Succar Kuri no está solo, tiene una red de apoyo dispuesta a destruir a quienes les cuestionen. Dispuesta incluso, como lo hizo Mario Marín, a jugarse su carrera política por un favor judicial. Esa red político empresarial que ayudaba y festejaba a Succar para traficar con menores para fines sexuales.
A unos días de que se cumpla un año de mi detención, tortura y encarcelamiento, curiosamente sale otra demanda en mi contra. Pero allí están las llamadas telefónicas. Allí está Kamel Nacif pidiéndole a Succar que le traiga unas niñitas de Florida y El Salvador para “fornicar”. Allí está el héroe de la película dando órdenes a gobernadores y al líder de la bancada priísta. Allí están las pruebas. Yo no estoy dispuesta a desviar mi atención del verdadero asunto: las redes criminales que violan diariamente los derechos humanos de menores y mujeres.
Este no es un asunto entre Edith y Lydia. Ni ella es mi enemiga, a pesar de esta denuncia. Edith sigue siendo abusada por sus victimarios; cuando niña en términos sexuales; ahora simplemente es utilizada por las redes para intentar escapar de la justicia. La han obligado a retractarse, incurriendo ella en un delito que puede llevarla a la cárcel. La presentación de esta denuncia absurda es una muestra más de que sigue siendo rehén de estas fuerzas criminales.

Aún amenazan a Lydia Cacho los demonios del poder

Aún amenazan a Lydia Cacho los demonios del poder
Por Lourdes Godínez Leal
México DF, 15 dic 06 (CIMAC).- Para Lydia Cacho Ribeiro, luego de un año de enfrentar el proceso penal por difamación que inició en su contra el empresario Kamel Nacif, actor principal en el libro sobre pederastia “Demonios del Edén”, las presiones de los hombres del poder no terminan, como tampoco el interminable tráfico de influencias que opera el gobernador de Puebla, Mario Marín, para defender a Kamel y a él mismo, y que ahora extiende hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), encargada de resolver el caso.
En entrevista con Cimacnoticias, la periodista y escritora interpreta la acción del “gober precioso” de donar un terreno para que la SCJN construya un tribunal en este estado como un juego de poder ante la opinión pública para decirle de una manera indirecta “yo tengo la protección de los más altos niveles de poder”. Porque, además, junto al ministro presidente de la Corte, Mariano Azuela Guitrón, afirmó que el de Lydia Cacho “era un caso cerrado” y Marín era inocente.
Pero lo más grave, dice Lydia, es que el ministro de la SCJN Mariano Azuela haya guardado silencio ante la declaración de Marín de que su caso estaba cerrado y él era inocente “no debió haber guardado silencio”.
REDES DE AYUDA, REDES DE IMPUNIDAD
Para Cacho este fue un año en el que conoció las redes de apoyo que la mantienen firme. Pero también las redes de influencias y corrupción que le impiden terminar con el episodio de la demanda y la presión del poder, que se sintetizan en una nueva demanda, la indiferencia de las autoridades judiciales (porque hay otros temas más importantes).
A un año de los hechos, Lydia Cacho aún padece las secuelas del trauma que le provocó su detención. Con la voz entrecortada y la cara desencajada, recuerda lo difícil que ha sido este año en donde “he tenido muy poco tiempo para ser víctima y convertirme en sobreviviente, me he dedicado a ser ministerio público, agente investigador, perita y víctima otra vez”.
“EL GOBER PRECIOSO Y EL MAGISTRADO”
Además, Cacho Ribeiro enfrenta una nueva demanda, ahora de Edith Encalada, la víctima principal de Succar Kuri, quien la demandó por haber utilizado su testimonio públicamente. Para Cacho, quien lamentó la situación, confía en que la demanda no prosperará porque de lo que se trata aseguró, “es de dinero”.
Con los ojos cerrados y espaciando sus comentarios porque la voz se le va, Lydia Cacho recuerda su historia, que dice, aún permanece fresca en su memoria por lo traumático que fue y es. Y analiza qué permitió su detención y qué le salvó la vida: se refiere a las redes.
Para la también directora del Centro Integral de Atención para la Mujer (CIAM) de Cancún, las redes de corrupción de servidores públicos, empresarios poderosos y gente que se dedica a la producción de pornografía infantil y trata de niños y niñas para explotación sexual, que se sintieron amenazados ante la publicación de su libro, permitieron su detención en Cancún el 16 de diciembre del 2005.
Pero por otro lado, lo que le salvó la vida, fueron las redes de mujeres que evidenciaron que se trataba de algo más allá que una simple detención, se trataba, dice, “de un castigo muy puntual a una periodista que además por ser mujer, fue castigada de una manera muy específica con amenazas de violencia sexual, de una golpiza y la tortura de 20 horas de camino de Cancún a Puebla”, y por supuesto, la red de periodistas “que trabajaron como un reloj para salvarme”.
“Yo creo que es una buena muestra de cómo funcionan las redes en lo positivo y en lo negativo, desgraciadamente el poder formal que tienen estas redes de corrupción está ahí patente, el gobernador de Puebla, la Procuradora, la jueza, están actuando como si nada hubiera sucedido, tratando de desestimar por completo el caso”, agrega.
A Lydia Cacho le ha quedado más claro que nunca lo que significa la violencia de Estado, la violencia misógina y considera que si los medios no continuaran dándole un espacio, ya no estaría viva.
A lo largo de este año ha tenido que enfrentar amenazas de muerte de todo tipo, compra de sicarios, intimidaciones, pero ella sigue haciendo su vida dentro de lo “normal” pero convencida “de que una víctima de violencia en este país no puede utilizar sus herramientas personales para convertirse en sobreviviente y para salir adelante si no cuenta con redes sociales que le protejan y que le ayuden a salir adelante, yo soy una prueba viviente”.
EL PROCESO LEGAL
En febrero de este año, la feminista Cacho Ribeiro interpuso una demanda penal ante la Procuraduría General de la República y su fiscalía especial para delitos violentos contra mujeres (Fevim) que preside Alicia Elena Pérez Duarte y otra ante la fiscalía especial para periodistas, contra el gobernador poblano Mario Marín, Blanca Laura Villeda, procuradora estatal, la jueza de Puebla y los judiciales que la aprehendieron, por tráfico de influencias, abuso de autoridad y diferentes formas de tortura.
Lydia Cacho explicó que debido a la lentitud de los ministerios públicos de la fiscalía para periodistas se dio tiempo para que “la red criminal y de poder poblana” intimidara a los testigos de la fiscalía, es más, dijo que ha perdido testigos de Puebla porque tardaron muchos meses para interrogarlos y fueron amenazados de perder el trabajo, incluso su carrera si testificaban.
Cacho insistió en que el “gober precioso” y su gente se ha dado a la tarea de eliminar pruebas a partir de que obtuvo su expediente en la fiscalía y en donde ella describe y detalla los lugares en que permaneció durante su detención y con ello demuestren que “estoy loca y que soy mentirosa”.
Para Lydia Cacho, este es “un ejemplo extraordinario de la capacidad de corrupción y de abuso de poder pero además del descaro brutal como lo hacen”.
Testigos falsos, eliminación de pruebas, intimidación de testigos, han permeado el caso durante este año en el que Cacho Ribeiro esperaba tener logros, pero está convencida de que ganará la batalla aunque requiera más tiempo.
En cuanto a la SCJN, Cacho comentó que los ministros han declarado que existen elementos indiciarios suficientes para considerar que Mario Marín cometió tráfico de influencias, pero aclara: “Hay que entender que la SCJN no es el juez de mi caso, ellos son el juez a una solicitud del Congreso sobre violación a los derechos humanos en la que esta implicada una red de pornografía y abuso sexual”.
LA PGR CONGELA EL CASO
Según Cacho Ribeiro, a un mes de que Vicente Fox concluyera su administración, las fiscalías “estaban listas” para detener a algunos personajes de esta historia, sin embargo, por causas que la misma periodista desconoce, la PGR decidió “congelar” el caso.
Después de varios intentos, relata Cacho, logró una entrevista con el procurador Daniel Cabeza de Vaca para hablar del caso Succar. Cacho recuerda lo sucedido en esa reunión: “El procurador me dijo que el caso Succar estaba siguiéndose puntualmente y que no me preocupara que ahí no iba a haber tráfico de influencias para ayudar a Succar, que iba a ir conforme a derecho”.
Pero al final de la entrevista el procurador le dijo a Cacho –pese a que no fue tema de la conversación, según la misma Lydia Cacho refiere— “tu caso no me preocupa, eso es otra cosa”.
Para Lydia Cacho es más que claro que este “congelamiento”, tiene que ver con las negociaciones políticas que hicieron con el PRI y con Mario Marín de que ya no querían tener más problemas teniendo Oaxaca encima”.
Con la nueva administración y el nombramiento de Eduardo Medina Mora como nuevo procurador, Cacho espera que todo se siga “conforme a derecho”, aunque dijo que 2007 continuará siendo “un año difícil para ella”.

WOMEN TRAFFICKING IN MEXICO

WOMEN TRAFFICKING IN MEXICO
While it is (only) an estimate, there is a rise in this phenomenon – perhaps 10 to 20 percent last year,” Patricia Espinosa, president of the National Women’s Institute, told EFE.
Mexico’s immigrant-smuggling rings are usually run by Mexicans, Europeans and U.S. citizens.
The “sex servants,” as they are known in Mexico, come “from the south and spread out” across the region, Espinosa said, adding that increasingly younger girls are being exploited, some only 12 years old.
Approximately 2,500 Central American and Caribbean girls work as prostitutes in Tapachula, in impoverished Chiapas state on the Guatemalan border, authorities say.
Ninety percent of them come from Central America, 95 percent of these are undocumented, and half are between 13 and 17 years of age, Espinosa said, citing studies conducted by human rights organizations.
– Almudena Calatrava
EFE NEWS
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Suprema Corte: indicios de culpabilidad de "Gober Precioso"

En su edición del sábado 25 de noviembre, EL UNIVERSAL afirma que el ministro de la Suprema Corte , José de Jesús Gudiño Pelayo llegó a la conclusión de que existen “elementos indiciarios” sobre la posible participación del gobernador de Puebla, Mario Marín, en la violación grave de derechos individuales de la periodista Lydia Cacho.
Con base en este argumento, Gudiño Pelayo le propuso a sus compañeros del pleno concentrar la investigación de este caso únicamente en la participación del mandatario poblano en la detención de la periodista en diciembre del 2005. Llegó a la conclusión de que las líneas de investigación únicamente deben concentrarse en las violaciones a las garantías de la periodista, y no en indagar las redes de pederastia y pornografía infantil denunciadas por Lydia Cacho, porque este último escapa de la esfera de investigación de la Corte. Se espera que este último punto genere debate en la SCJN, porque desde septiembre el ministro Juan Silva Meza pidió que no sólo se investigara al gobernador sino, ante todo, por la importancia que tiene para la protección de los niños, las redes de pederastia y pornografía infantil denunciadas en el libro.
Gudiño asegura que existen “elementos indiciarios relativos a la posible participación del Gobierno del Estado de Puebla” y es necesario que se investigue a al gobernador y al responsable de la Procuraduría del Estado. Como parte de las líneas de investigación se plantea verificar si el gobernador ejerce algún control o da órdenes a jueces y magistrados, especialmente al presidente del Tribunal Superior de Justicia de Puebla, Guillermo Pacheco Pulido.
En la corte existen dudas razonables sobre la forma en que actuó el magistrado Guillermo Pacheco en el caso de la periodista Lydia Cacho. Pero también de parte de Blanca Laura Villeda, procuradora, y de Rosa Celia Pérez, juez.
De comprobarse dicha participación, “implicaría un aprovechamiento ilegítimo del gobierno de un estado para perjudicar a una periodista, lo cual no sólo atenta contra el derecho fundamental de la libertad de expresión, sino también contra el orden constitucional y el respeto a nuestro estado de derecho”. La nota de es Carlos Áviles.

"Contra los peores criminales". Entrevista en Glamour internacional

glamour.jpgHace unos meses me entrevistó Mariene Pearl para la revista Glamour, en su edición Internacional. Al principio vacilé para hacer una entrevista en una publicación que, si bien es prestigiada y posee una buena reputación, sus temas predominantes suelen ser asuntos de belleza, moda y el llamado “soft news”. Sin embargo el profesionalismo y la convicción de Mariene Pearl me convencieron. Es una periodista y directora fílmica admirable, dedicada a las mejores causas. Su libro, Mighty Heart: The Brave Life and Death of My Husband, Danny Pearl, sobre el asesinato de su esposo en Afganistán, es emblemático por la defensa de los periodistas caídos en los conflictos políticos. Por lo demás, el texto que sigue es atestigua cabalmente la calidad de la entrevistadora. Publicado en Glamour internacional. Diciembre, 2006
Ver video en Glamour.
Global diary…Mexico She stands up to the toughest criminals
Mexican thugs and corrupt politicians hate Lydia Cacho—and fear her exposes. Mariane Pearl talks to a woman who hasn’t let jail or threats of rape and death stop her from writing the truth.

When I first heard about Mexican journalist Lydia Cacho, I knew I wanted to meet her. This remarkable woman created an international uproar last year after she wrote a book claiming that local power brokers were tied to a pedophile ring in the popular resort town of Cancun. But she, and I, had a problem: Too many people wanted Lydia dead.
For the past two decades, this beautiful 43-year-old has given a voice to Mexico’s women, children and victims of abuse. She has written about everything from domestic violence to organized crime and political corruption. As a result, she has been jailed and threatened with rape and death. Now she travels with bodyguards almost everywhere she goes.
Clearly, if I planned to see Lydia, I had to be willing to take a risk. I considered this as I sat in my apartment in Paris one evening and watched my four-and-a-half-year-old son, Adam, play by my side. He was wearing a Superman cape on top of a Zorro outfit, and was chasing bad guys with his water gun. Adam never met his father. I was five months pregnant when my husband, Danny, a reporter for The Wall Street Journal, was murdered in Pakistan as he was investigating Islamic terrorists after 9/11.
I thought about the many journalists around the world who have been killed since Danny’s death. Iraq has been especially dangerous for reporters, but so has Mexico, where more than a dozen journalists have died in the last few years for writing about the drug trade and other criminal activities. I started to worry that reporters could become an endangered species. And so I decided to fly to Mexico.
At Lydia’s suggestion, we agreed not to meet in her home base of Cancun, but in the capital, Mexico City, which was in the midst of its own ordeal during my visit in August. Following the country’s recent presidential elections, thousands of protesters had transformed the city’s main avenue into a vast camping site. People demanding a recount of the votes had come together to shout slogans, wave signs or gather signatures. Everywhere I walked, I felt men’s eyes upon me. Some of the stares were harmless, but others were lecherous, making me feel like one of those scary sex dolls with a round mouth. Such a testosterone-filled atmosphere made me appreciate why Lydia has focused her work on women.
When she and I met, Lydia struck me as incredibly composed for someone who is forced to consider that every morning might be her last. I sat by her side in the car as we inched along the busy streets of Mexico City, on our way to a quiet suburb. Lydia talked constantly on her cell phone. Each time she hung up, the phone would ring again, and she would reassure the worried people on the other end.
She began to tell me how she got her start in this business. “At first,” she said, smiling, “I wasn’t sure my writing could make a difference.” In fact, when she moved to Cancun in her early twenties, Lydia didn’t intend to change the world in any major way. “I am a melancholic at heart,” she said half-jokingly. “I pictured myself living by the sea, writing novels and painting.” But Lydia had come from a family of strong women who were feminists before the term became trendy. Her French grandmother opposed the Nazis in Europe during World War II, then married a Portuguese man and eventually moved to Mexico. Lydia’s mother, who grew up in Mexico, became an activist for women’s rights. She felt strongly that it was better to expose her children to the world than to protect them from it, and so the family lived in a poor neighborhood, even though they could afford better. Lydia’s mother used to tell her, “Once you have witnessed something, you bear a responsibility for it.”
No wonder that soon after Lydia moved to Cancun—a paradise of lush beach resorts—she began to feel a sense of unease. “This was a man-made heaven built solely to make money,” she told me. “It was a city without a heart. Nobody had bothered to think much about schools or social services or even culture.” Her journalistic instincts began to kick in, and she set out to find local residents who had been displaced by the builders. She discovered a handful of them in an impoverished community two hours from the tourist zone. “There was no running water. No food. I saw a malnourished woman whose baby had just died of hunger,” she said. She decided to write a column about it for a local newspaper. “The reaction was extraordinary,” Lydia said. Readers were so moved that they donated supplies and medicine. Thus she changed the course of her own life for good.
When Lydia and I finally made it out of the traffic jam in Mexico City, I realized that there were no bodyguards following us. “I lost them!” she said with a childlike smile, and for a moment we felt free, as if we were in one of my favorite movies, Thelma and Louise.
Later, as we walked together along the suburb’s cobblestone streets, an old man on crutches approached me. “Is that Lydia Cacho?” he asked. I nodded. “Please tell her to be careful,” he whispered. “There are evil people.”
Lydia continued to tell me her story, explaining how she made waves again early in her career by writing about the proliferation of HIV in the Cancun area. The local governor called her at 11 P.M. the night the story ran, she said. He told her, “There is no AIDS in my province.” She replied, “In yours maybe not, but in mine, yes!” The next day she appeared on a radio show and talked about the call. This very public act surprised her fellow journalists. “Even my colleagues didn’t understand me,” Lydia said. “Sadly, many Mexican journalists are easy to buy. Some of my counterparts live on bribe money, and those who won’t give in to bribes usually get killed.”
Lydia kept writing, mainly about government corruption and domestic violence, but soon the phone calls she received threatened her life.
In 1998 Lydia was brutally beaten and raped in the bathroom of a bus station. Despite suffering a concussion and broken ribs, she got herself to a hospital. Lydia does not know whether the attack was related to her work.
This experience made her even more determined to stand up for women. At the same time, Lydia decided that reporting wasn’t enough. So she raised money to build a center for battered women. “Women had no rights, and if they stood up for themselves, they could be beaten or killed,” she said. Women now come to the shelter from all walks of life: wives of drug dealers and farmers, as well as American girls who get assaulted on spring break. The center provides health care and schooling for children.
In 2004 Lydia set off the biggest firestorm of her career with her book about the pedophile ring in Cancun, Los Demonios del Eden (The Demons of Eden). She was arrested on libel charges a year later (under Mexican law, Lydia explained, reporters have to prove that they didn’t intend to damage the reputation of their subject). She said she was driven by police to a jail 20 hours from Cancun, while the officers hinted at a plan to rape her. She was released unharmed. Then, last February, the media got hold of a tape on which a businessman named in her book appeared to be plotting with a Mexican governor to have her arrested and raped. (The men dispute the legality of the tape.) Amnesty International filed protests on her behalf, and Lydia talked about it on shows such as ABC’s Nightline. “This is my strategy,” Lydia said. “Each time someone threatens me, I talk about it publicly.”
Lydia, who still faces some libel charges, said that Mexico’s Supreme Court is investigating whether her civil rights were violated during her arrest. She is continuing to work as a reporter while also teaching journalism workshops. “Reporters are not world-peace missionaries,” she said. “But by conveying people’s struggles, we create awareness, which is the first step to bringing about change.”
When I left Mexico City, I feared for Lydia’s life, but I also felt inspired by her mission. I understood her humble sense of triumph. Knowledge and responsibility bring hope, while ignorance feeds on fear. If Lydia stopped halfway, she would be like someone who sees light at the end of a tunnel but chooses to remain in the dark.
Back in Paris with Adam, I thought about what I would say to my son if he ever wanted to become a reporter. I would tell him that journalism was the cement of my relationship with his father. I so believe in the importance of this profession that I could never oppose the same ambition in my child. As we were having dinner one night, Adam asked me about my trip to Mexico. He wanted to know if I had caught any bad guys. “No,” I answered. “But wait a few years, and I’ll tell you about a woman named Lydia.”
Mariane Pearl is a documentary filmmaker and the author of A Mighty Heart: The Brave Life and Death of My Husband, Danny Pearl.

PRIMERA BATALLA GANADA

Tomado de Una Fuente
Hace unos minutos el juzgado 1 de lo Penal en Canún, accedió a la solicitud del abogado de Lydia Cacho, Xavier OLea, de trasladar a la Ciudad de México el juicio penal por difamación que Kamel Nacif interpuso en contra de la periodista y que provocó su detención de manera irregular en diciembre del año pasado. La periodista tiene auto de formal prisión, con libertad bajo fianza, como resultado de la sentencia provisional que la juez de Puebla había dictado en su contra. El traslado a la Ciudad de México de todo este juicio, prácticamente significa su disolución, toda vez que los códigos del Ditrito Federal han despenalizado el delito de difamación.
Entrevistada por Una Fuente, Lydia Cacho se manifestó emocionada por este primer triunfo, aunque las investigacioens continuarán abiertas en la PGR y la Suprema Corte en lo relacionado a las violaciones a los derechos que se cometieron en contra de la periodista.

Miguel Ángel Granados Chapa: Nacif y la asquerosidad

Hoy, miércoles 4 de octubre, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa publica un revelador texto sobre Kamel Nacif en su conocida columna “Plaza Pública” que aparece en docenas de diarios en el país. Ningún articulista ha dedicado el tiempo y el espacio que el maestro Granados Chapa para entender y seguir las incidencias de este caso.
Nacif y la “asquerosidad” que ya se tiene que acabar
Plaza Pública

Miguel Ángel Granados Chapa
El juez primero penal de Cancún decidirá hoy miércoles si se declara incompetente para seguir conociendo la presunta difamación contra Kamel Nacif, como lo pidió la denunciada Lydia Cacho. En caso afirmativo, el juicio continuará en el Distrito Federal, pues allí se publicó el libro Los demonios del edén, del que es autora, y a través del cual se habría cometido el ilícito de que se dice víctima Nacif. De ser así, un juzgado capitalino sería la tercera sede judicial que ventile el caso, comenzado en Puebla y continuado en Quintana Roo.
Mientras se decide la incompetencia, el proceso ha continuado su curso. El viernes pasado se efectuó el careo entre el denunciante y la denunciada. Sin las tribulaciones que padeció la periodista en el trayecto en sentido contrario, Nacif viajó de Puebla a Cancún, para contestar preguntas de quien iba a ser víctima de la maniobra urdida por el mecenas de políticos. Si bien Lydia Cacho se salvó de las consecuencias más gruesas de aquella operación, sigue estando sujeta a un procedimiento penal que puede concluir en una sentencia que la prive de la libertad y que por lo pronto ya ha causado estragos en su economía, pues la defensa eficiente suele ser muy cara. Continue reading “Miguel Ángel Granados Chapa: Nacif y la asquerosidad”

Chat de Lydia Cacho en El Universal

El martes 3 de octubre Lydia Cacho participó en un largo intercambio con cientos de internautas, a travésdel Online de El Universal. A continuación la transcripción de una porción de la sesión.
862 PREGUNTAS
PREGUNTAS CONTESTADAS
Ordenar: Primera a última Última a primera
46 RESPUESTAS Página 1 – 2
Comentario del Moderador Hora del mensaje: 14:09
Agradecemos mucho la participación de nuestros lectores en esta plática digital. Tenemos casi 750 preguntas y comentarios pendientes que Lydia Cacho les responderá vía correo electrónico. Muchas gracias.
karla Hora del mensaje: 14:09
Pregunta
Lidia, a que crees que se deba que la Suprema Corte no haya emitido su fallo en el tiempo cuando lo tenía previsto y que piensas que realmente los ministros se conducirán con imparcialidad y sin presiones?
Respuesta
La verdad es que para mi fue una sorpresa que rebatieran el fallo de el Ministro Ortiz Mayagoitia. Debo confesar que me restaurò la esperanza de que algo mejor suceda al respecto. El hecho de que investiguen basados en las llamadas telefònicas nos permitirà mostrara la colusiòn de servidores pùblicos. Creo que sì,que hay esperanza en al Suprema, al menos en algunos de los y las ministras.
CARLOS JIMÈNEZ LIZARDI Hora del mensaje: 14:07
Pregunta
Unicamente quiero aprovechar este chat para felicitar a Lydia por su entrega al periodismo a pesar de las lamentables situaciones a las que se ha tenido que enfrentar, sin duda sus caso habre un parteaguas en materia de justicia y corrupciòn. Sin embargo hay personas como ella que seguramente seguiran luchando por la libertad de expresiòn a pesar de que su vida este de por medio. FELICIDADES LYDIA Y ESPERAMOS QUE SIGAS SIENDO UN EJEMPLO DE VALENTIA Y PROFESIONALISMO.
Respuesta
GRACIAS DE VERDAD SU SOLIDARIDAD ME ACOMPAÑA Y ME DA FUERZA PARA SEGUIR ADELANTE. UN ABRAZO
Liliana Hora del mensaje: 14:06
Pregunta
Lydia, que te parece el endurecimiento que se va a dar para evitar el divorcio, en cuanto a las denuncias de maltrato, violencia fìsica y emocional, lesionando particularmente a las mujeres?.
Respuesta
Creo que tendremos un sexenio muy difìcil. Que vamos a conocer pro primera vez en la historia de Mèxico lo que es vivir bajo un regimen de derecha. Somos un paìs conservador pero ahora viene lo màs dificil.El papel de la sociedad civil para impedir retrocesos en los logros de equidad de gènero y combate a la violencia contra las mujeres va a ser fundamental. Continue reading “Chat de Lydia Cacho en El Universal”

Asquerosidades de Kamel Nacif

Por Cecilia Lavalle
¡Ya basta de tanta asquerosidad!, dijo Kamel Nacif. Pero no se refería a la red de pederastia con la que se le vincula. Tampoco a la cariñosa amistad que le une a Jean Succar Kuri. Menos se refería a la relación patrón-empleado que le une a más de un gobernador y a más de un diputado. No, a él nada de eso le parece asqueroso. Lo que le asquea es que todo eso se haya hecho público.
El pasado jueves se realizó en Cancún, Quintana Roo, el segundo careo entre el poderoso empresario textilero, Kamel Nacif y la periodista defensora de los derechos humanos, Lydia Cacho.
Ahí, un enfurecido y amenazante Kamel le gritó a Lydia. “Ya basta de tanta asquerosidad, me ha hecho un monstruo con sus mentiras y sus asquerosidades”.
Curiosa manera de entender lo nauseabundo, lo repugnante, lo asqueroso.
No le parece repugnante la conversación telefónica que sostuvo con Succar en la que le pide que traiga a “la niña” para “fornicar”.
No le parece asquerosa su conversación con el gobernador de Puebla, Mario Marín, donde, con un lenguaje vulgar y grosero, le agradece la intervención directa del mandatario –algo ilegal en México- para detener a Lydia en Quintana Roo y llevarla a Puebla en un trayecto de más de 20 horas en las que estuvo sujeta a tortura psicológica.
No le parece nauseabunda su conversación con otro hombre en la que deja ver que ha pagado para que violen a Lydia Cacho en la cárcel de Puebla.
No le parece una inmundicia su conversación con un senador de la República indicando, ordenando, exigiendo que no se apruebe una ley que, se infiere, podría lesionar sus intereses.
No. Nada de eso le parece asqueroso.
Lo verdaderamente asqueroso es que sus conversaciones telefónicas salgan a luz pública. Lo verdaderamente repugnante es que sus relaciones con hombres poderosos salgan a relucir de manera tan abierta. Lo verdaderamente inmundo es que los hombres poderosos que le cubrían las espaldas empiecen a tomar distancia. Lo verdaderamente nauseabundo es que grabación tras grabación, conversación tras conversación se le vaya dibujando de cuerpo entero.
Porque nunca ha desmentido las conversaciones. Nunca ha dicho que no es su voz. Nunca ha negado que esas conversaciones, en esos términos, hayan tenido lugar. No ha exigido una investigación al respecto. No ha proclamado su inocencia. No ha hecho nada para demostrar que no es cierta cada una de las palabras que salieron de su boca a la luz y al oído público.
Es más, les otorgó acta de validez cuando acusó a su esposa, de quien hace años se encuentra separado, de haber grabado esas conversaciones para presionarlo con la firma del divorcio, trámite que no ha concluido, dice Nacif, por la suma millonaria que la señora solicita en la repartición de bienes.
De manera que parece que lo que realmente asquea a Nacif es la difusión de sus palabras, mismas que han redundado en la confirmación de su mala fama pública. Lo que le enoja es estar en boca de mucha gente que tal vez nunca lo pensó respetable, pero que ahora tiene elementos para señalarlo con el dedo. Lo que le enfurece es que en este país ya no se puede hablar confiadamente por teléfono de cualquier indecencia.
Pero entonces habría que explicarle al señor Nacif que la “asquerosidad” de difundir conversaciones que lo definen de punta a punta ni siquiera es imputable a Lydia Cacho. Hay decenas de “asquerosos y asquerosas” periodistas que han cumplido con su responsabilidad social de informar y han contribuido con la causa que abandera Lydia Cacho: no ignorar, no olvidar, no archivar el asunto de la pederastia de nuestro país y de las redes de poder que la protegen.
Y ahí están “las asquerosas” Blanche Petrich, Carmen Aristegui, Lucía Lagunes. Ahí están “los asquerosos” Carlos Loret de Mola, Jorge Zepeda, Miguel Ángel Granados. Ahí están decenas y decenas de periodistas que dentro y fuera del país, por prensa, radio, televisión han cometido tantas “asquerosidades” contra Nacif.
Lo realmente repulsivo de este asunto es que la única que está acusada, la única a la que se le sigue un juicio legal, la única que por el momento puede ser declarada “culpable” es Lydia Cacho.
Lo nauseabundo es la impunidad con la que un hombre puede andar por el país insultando, agrediendo, amenazando.
Lo asqueroso es que tanta inmundicia no sea suficiente para hacer justicia.
Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com