Otra guerra contra Lydia Cacho. Por Jorge Zepeda Patterson

Articulo de Jorge Zepeda Paterson. Publicado en El Universal y otros diarios el domingo 28 de enero, 2007
El mes de enero ha traído un tobogán de emociones fuertes para el “gober precioso”, Mario Marín. Los Reyes Magos le regalaron la visita a Puebla de Felipe Calderón el 9 de enero para tomarse la foto, lo cual fue interpretado como una especie de “perdón” oficial. No hay que olvidar que Calderón había prometido, como candidato, la destitución del gobernador poblano por su presunta colusión con Kamel Nacif para darle un “coscorrón” a Lydia Cacho por escribir Los Demonios del Edén, libro en el que denuncia una red de pederastas. Marín asumió que la visita presidencial lo limpiaba de toda mácula y le daba el espaldarazo definitivo del Gobierno Federal. Ni manco ni perezoso inundó a los medios de comunicación del país con boletines pagados sobre la venturosa visita presidencial.
El gozo se le fue al pozo el jueves pasado cuando los ministros de la Suprema Corte ordenaron una investigación formal para determinar la responsabilidad de Marín y las autoridades poblanas en la violación de los derechos de la periodista, y los posibles vínculos con una presunta red de pederastas. La resolución es en sí misma una derrota, porque se origina en el informe de uno de los ministros, que asume que existen elementos suficientes para ordenar la investigación. El gobierno de Puebla y sus poderosos aliados no habían escatimado esfuerzos políticos y económicos para que la Corte abandonara el caso. La resolución de los ministros anticipa la posible caída del mandatario poblano.
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La neta. Por Cecilia Lavalle

Para la juventud de mi generación la palabra “neta” poseía gran valor. Significaba expresar la verdad más allá de cualquier simulación, necesidades diplomáticas o requerimientos políticos. “La hora de las netas” era concebida como el momento en que se expresaba la verdad. Pues bien, creo que en México la hora de las netas empezó y no arroja buenos resultados.
Inevitablemente, para cualquier político, la hora de las promesas y los buenos deseos y la eterna sonrisa termina en el mismo instante en que asume el poder. En ese momento, a querer o no, sus acciones u omisiones van mostrando la neta.
Y la neta es que en la Cámara de Diputados las mujeres seguimos en el plano del discurso políticamente correcto. Somos la octava maravilla, pero a la hora de las netas pasamos a la prioridad número 527. Se requiere, una y otra vez, del esfuerzo y talento político y cabildeo y paciencia y tenacidad de mujeres que, comprometidas con su género, para, a la hora de las netas, traducir el discurso en mecanismos para la equidad.
Parece que eso de legislar a favor de las mujeres es siempre remar contracorriente. Continue reading “La neta. Por Cecilia Lavalle”

Lydia Cacho "me mordió el corazón"

Por Silvia Núñez Esquer/ corresponsal Culiacán de Cimac
Un lugar común es decir “las cosas siempre pasan por algo”, incluso en el nuevo libro de la periodista Lydia Cacho se menciona. En realidad la frase no quiere decir otra cosa que: a todo evento corresponde una consecuencia. Recién se retrasó dos horas un vuelo que debía tomar por lo que hice lo que muchas personas hacemos: me dirigí a comprar un libro en el mismo aeropuerto, y me senté a esperar el anuncio de salida. Después me di cuenta que el avión se atrasó, para darme oportunidad de comprar y leer el libro. Al menos así lo interpreté.
Los 120 minutos alcanzaron para que el libro por el que me decidí, Muérdele el Corazón de Lydia Cacho, me sacudiera no sólo el corazón sino la conciencia. Fue tal el interés que me despertó, que casi terminaba el texto cuando tuve que subir al avión que se convirtió en mi sala de lectura hasta que llegué a mi destino.
No puedo definir con precisión qué es lo más importante de esta novela, antes de concluir la segunda página caí rendida por el sentimiento de solidaridad. El asombro del principio, el miedo y a la vez la necesidad de identificarme con la mujer contagiada de VIH, saltó de inmediato y se me metió en el corazón. Continue reading “Lydia Cacho "me mordió el corazón"”

Deseos Navideños. Por Denise Dresser

Publicado en revista Proceso
Paz. Felicidad. Fe. Hermandad. Concordia. Buena Voluntad. Esperanza. Aspiraciones de estos días, a las cuales esta columna se suma con entusiasmo, deseándole a una lista selecta de personajes públicos de la vida del país todo lo que se merecen. Porque, ¿qué sería México sin ellos? ¿Sin los escándalos que desatan, los obstáculos que colocan, la riqueza desmedida que acumulan, las leyes que violan, los conflictos de interés que producen, la consolidación democrática que obstaculizan, el progreso que inhiben? Sin duda, las personalidades singularísimas a quienes hoy enviamos un reconocimiento navideño, contribuyen a que como México no haya dos.
Para el gobernador Mario Marín: poco cognac y muchas sanciones. En el 2007 le deseamos que finalmente el destino lo alcance y lo colme con todos los castigos que hasta el momento ha logrado eludir. Ojalá que entre las cajas de licor que reciba en Casa Puebla esta Navidad, se encuentren también múltiples denuncias, múltiples quejas, múltiples muestras de rechazo por parte de ciudadanos de Puebla y del país. Ojalá que ésta sea la nueva época en que la Suprema Corte falle contra él y lo destituya por violar las garantías de Lydia Cacho. Ojalá que entre los regalos que le traigan los Reyes Magos se encuentre una guía describiendo esas garantías, para que comprenda cómo las ha atropellado. Ojalá que el gober ignominioso no ingrese a la larga lista de los políticos impunes, de los criminales sin castigo, de los poderosos que secuestran las instituciones y las desacreditan. Ojalá que el año próximo Mario Marín no sea un nombre más entre aquellos que han abusado de su puesto pero continúan en él. Continue reading “Deseos Navideños. Por Denise Dresser”

Lydia, no te rindas. Por Jorge Zepeda Patterson

El sábado se cumplió un año de la detención irregular y traslado a Puebla de Lydia Cacho. Desde aquél 16 de diciembre muchas cosas han sucedido, menos la justicia. Un gobernador se hizo precioso; Kamel dejó de ser simplemente una marca de cigarros para convertirse en objeto de corridos y desprecios; las botellas de coñac han desaparecido de las canastas navideñas que se intercambian los hombre de poder; los políticos han dejado de hablar por teléfono, salvo para proferir frases de bronce, dignas de los libros de historia; el presidente actual y otras autoridades importantes han prometido, indignados, que las violaciones en contra de Cacho no quedarían impunes.
Muchas cosas han pasado, salvo la justicia. Lydia Cacho sigue bajo la figura de un auto de formal prisión por la demanda original de Kamel Nacif, acusada de difamar a un buen nombre. Hace dos semanas se presentó una demanda en contra de Lydia de parte de una de las víctimas controladas por Succar, para exigir las regalías del libro Los Demonios del Edén (aunque estas ni siquiera han alcanzado para que la periodista pague el costo de su defensa).
Lydia Cacho sigue viva gracias a la opinión pública. No sólo fue detenida de tal manera que los judiciales poblanos pudieran darle un esquinazo a los Afis que la protegían luego de varias amenazas de muerte. Fue sacada de Cancún sometida y agachada en el asiento trasero de un auto, con una pistola pegada a su nuca. Continue reading “Lydia, no te rindas. Por Jorge Zepeda Patterson”

Lydia Cacho: de diciembre a diciembre.Por Miguel Angel Granados Chapa

(Texto publicado el domingo 17 de diciembre en diversos diarios del país)
Edith Encalada ha demandado en la Ciudad de México a Lydia Cacho por daño moral, ya que a su juicio la autora y la editorial que publicó el libro actuaron ilícitamente al incluir su fotografía y su testimonio en esa obra
Un año después de haber sido aprehendida en Cancún y trasladada a Puebla, la periodista Lydia Cacho se halla sujeta todavía al juicio penal que causó su detención y enfrenta otro de naturaleza civil y extraño origen. Edith Encalada, que siendo niña fue una de las víctimas de Jean Succar Kuri, lo denunció y después se desdijo de su acusación, ha demandado en la Ciudad de México a la autora de Los demonios del edén, cuyo subtítulo es el poder que protege a la pornografía infantil, por daño moral, ya que a su juicio la autora y la editorial Random House Mondadori (Grijalbo) actuaron ilícitamente al publicar su fotografía y su testimonio en esa obra. Por ello demanda una indemnización que “no podrá ser inferior… al 40 por ciento del precio de venta al público” de ese libro, más otra suma porque esa publicación afectó sus sentimientos, afectos, decoro, honor, reputación y vida privada. Continue reading “Lydia Cacho: de diciembre a diciembre.Por Miguel Angel Granados Chapa”

Miguel Ángel Granados Chapa: Nacif y la asquerosidad

Hoy, miércoles 4 de octubre, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa publica un revelador texto sobre Kamel Nacif en su conocida columna “Plaza Pública” que aparece en docenas de diarios en el país. Ningún articulista ha dedicado el tiempo y el espacio que el maestro Granados Chapa para entender y seguir las incidencias de este caso.
Nacif y la “asquerosidad” que ya se tiene que acabar
Plaza Pública

Miguel Ángel Granados Chapa
El juez primero penal de Cancún decidirá hoy miércoles si se declara incompetente para seguir conociendo la presunta difamación contra Kamel Nacif, como lo pidió la denunciada Lydia Cacho. En caso afirmativo, el juicio continuará en el Distrito Federal, pues allí se publicó el libro Los demonios del edén, del que es autora, y a través del cual se habría cometido el ilícito de que se dice víctima Nacif. De ser así, un juzgado capitalino sería la tercera sede judicial que ventile el caso, comenzado en Puebla y continuado en Quintana Roo.
Mientras se decide la incompetencia, el proceso ha continuado su curso. El viernes pasado se efectuó el careo entre el denunciante y la denunciada. Sin las tribulaciones que padeció la periodista en el trayecto en sentido contrario, Nacif viajó de Puebla a Cancún, para contestar preguntas de quien iba a ser víctima de la maniobra urdida por el mecenas de políticos. Si bien Lydia Cacho se salvó de las consecuencias más gruesas de aquella operación, sigue estando sujeta a un procedimiento penal que puede concluir en una sentencia que la prive de la libertad y que por lo pronto ya ha causado estragos en su economía, pues la defensa eficiente suele ser muy cara. Continue reading “Miguel Ángel Granados Chapa: Nacif y la asquerosidad”

Asquerosidades de Kamel Nacif

Por Cecilia Lavalle
¡Ya basta de tanta asquerosidad!, dijo Kamel Nacif. Pero no se refería a la red de pederastia con la que se le vincula. Tampoco a la cariñosa amistad que le une a Jean Succar Kuri. Menos se refería a la relación patrón-empleado que le une a más de un gobernador y a más de un diputado. No, a él nada de eso le parece asqueroso. Lo que le asquea es que todo eso se haya hecho público.
El pasado jueves se realizó en Cancún, Quintana Roo, el segundo careo entre el poderoso empresario textilero, Kamel Nacif y la periodista defensora de los derechos humanos, Lydia Cacho.
Ahí, un enfurecido y amenazante Kamel le gritó a Lydia. “Ya basta de tanta asquerosidad, me ha hecho un monstruo con sus mentiras y sus asquerosidades”.
Curiosa manera de entender lo nauseabundo, lo repugnante, lo asqueroso.
No le parece repugnante la conversación telefónica que sostuvo con Succar en la que le pide que traiga a “la niña” para “fornicar”.
No le parece asquerosa su conversación con el gobernador de Puebla, Mario Marín, donde, con un lenguaje vulgar y grosero, le agradece la intervención directa del mandatario –algo ilegal en México- para detener a Lydia en Quintana Roo y llevarla a Puebla en un trayecto de más de 20 horas en las que estuvo sujeta a tortura psicológica.
No le parece nauseabunda su conversación con otro hombre en la que deja ver que ha pagado para que violen a Lydia Cacho en la cárcel de Puebla.
No le parece una inmundicia su conversación con un senador de la República indicando, ordenando, exigiendo que no se apruebe una ley que, se infiere, podría lesionar sus intereses.
No. Nada de eso le parece asqueroso.
Lo verdaderamente asqueroso es que sus conversaciones telefónicas salgan a luz pública. Lo verdaderamente repugnante es que sus relaciones con hombres poderosos salgan a relucir de manera tan abierta. Lo verdaderamente inmundo es que los hombres poderosos que le cubrían las espaldas empiecen a tomar distancia. Lo verdaderamente nauseabundo es que grabación tras grabación, conversación tras conversación se le vaya dibujando de cuerpo entero.
Porque nunca ha desmentido las conversaciones. Nunca ha dicho que no es su voz. Nunca ha negado que esas conversaciones, en esos términos, hayan tenido lugar. No ha exigido una investigación al respecto. No ha proclamado su inocencia. No ha hecho nada para demostrar que no es cierta cada una de las palabras que salieron de su boca a la luz y al oído público.
Es más, les otorgó acta de validez cuando acusó a su esposa, de quien hace años se encuentra separado, de haber grabado esas conversaciones para presionarlo con la firma del divorcio, trámite que no ha concluido, dice Nacif, por la suma millonaria que la señora solicita en la repartición de bienes.
De manera que parece que lo que realmente asquea a Nacif es la difusión de sus palabras, mismas que han redundado en la confirmación de su mala fama pública. Lo que le enoja es estar en boca de mucha gente que tal vez nunca lo pensó respetable, pero que ahora tiene elementos para señalarlo con el dedo. Lo que le enfurece es que en este país ya no se puede hablar confiadamente por teléfono de cualquier indecencia.
Pero entonces habría que explicarle al señor Nacif que la “asquerosidad” de difundir conversaciones que lo definen de punta a punta ni siquiera es imputable a Lydia Cacho. Hay decenas de “asquerosos y asquerosas” periodistas que han cumplido con su responsabilidad social de informar y han contribuido con la causa que abandera Lydia Cacho: no ignorar, no olvidar, no archivar el asunto de la pederastia de nuestro país y de las redes de poder que la protegen.
Y ahí están “las asquerosas” Blanche Petrich, Carmen Aristegui, Lucía Lagunes. Ahí están “los asquerosos” Carlos Loret de Mola, Jorge Zepeda, Miguel Ángel Granados. Ahí están decenas y decenas de periodistas que dentro y fuera del país, por prensa, radio, televisión han cometido tantas “asquerosidades” contra Nacif.
Lo realmente repulsivo de este asunto es que la única que está acusada, la única a la que se le sigue un juicio legal, la única que por el momento puede ser declarada “culpable” es Lydia Cacho.
Lo nauseabundo es la impunidad con la que un hombre puede andar por el país insultando, agrediendo, amenazando.
Lo asqueroso es que tanta inmundicia no sea suficiente para hacer justicia.
Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com

Corrupción y abusos del poder. Marín y la historia política de Puebla

Un documentado recuento de la corrupción política de Puebla desde los años 70s hasta Mario Marín y su ascenso dentro del PRI.
Corrupción y abusos del poder
por Sergio Mastretta. Publicado en revista Nexos, mayo 2006
“No se perdió Portugal en Portugal, ni Cataluña en Cataluña, sino dentro de Madrid, y ahí se perderán las Indias Occidentales, porque donde se honran y se premian los excesos públicos ahí es donde se levantan los nublados que después vienen a dar sobre los reinos que a fuerza de pecados, violencia y tiranía se desunen y apartan de las coronas”.
Juan de Palafox y Mendoza, obispo de Puebla y virrey de la Nueva España, 1644.
Alicia, a sus 20 años estudiantiles, es parte de la masa que ha salido a las calles en Puebla el domingo 26 de febrero con el ánimo simple de derrocar al gobernador Mario Marín. Sus ojos de bióloga contienen preguntas para el análisis de esta tolvanera poblana que se parece al viento helado que nos conmueve. “¿De dónde ha salido tanta gente? -dice-. ¿De dónde viene? ¿Esto que ocurre en México hacia dónde nos lleva?”. Alicia, como la inmensa mayoría de los jóvenes mexicanos, no encuentra una memoria regional reciente, ordenada, escrita, ni qué decir cinematográfica, a la mano. Sin embargo, para las masas que ocupan las plazas hay historia.
1. Primer acercamiento, una simple consideración de lo vivido. “Qué bonito es lo espontáneo”, me dice Checo Sánchez, un empresario de 58 años, hijo de Abelardo Sánchez Gutiérrez, baluarte de la derecha poblana en los años sesenta, fundador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, en 1973, cuando la alianza de priistas y comunistas -que se ajustarían las cuentas después- expulsó de la Universidad Autónoma de Puebla a todo aquel que oliera a FUA (Frente Universitario Anticomunista) y a escuela confesional. Masa y espontaneidad, contradicción antigua. “Me cae que tenemos una ciudad hermosa -afirma Checo Sánchez, y rompe cualquier pesadumbre y coyuntura-, mira ese azul entre la nubes…”.
Es el cristalino cielo poblano, que por un instante, y como tantas veces en su vida, lo trastorna: el cielo poblano, intenso azul, retenido todavía contra el luminoso templo de Guadalupe, en el Paseo Bravo, con las nubes como un apunte del viento y la sombra que acompañará la mañana de una masa que no duda de su poblanía, que conoce de las traiciones del clima, de los requiebres del tiempo, de sus estocadas frías, inclementes.
Una voz, que ahora mira al cielo y reconoce su sangre; no le importa el griterío, ni siquiera el día y lo que nos convoca, él mira el cielo antiguo de una ciudad acostumbrada a los delirios y las pasiones políticas: ahí está su traza de sol y sombra contra sus cúpulas y campanarios, sus casonas y sus reliquias.
Por un instante, frente a ese espejo del mundo, a quién le importa Marín, a quién le importa la política.
2. El helicóptero de la policía rompe el encanto, se barre sobre la avenida en un despliegue de técnica y disposición para medir la calidad y la cantidad de la marcha. Arranca desde la antigua penitenciaría, de la que escapara en los años sesenta un ratero afamado, el Capitán Fantasma, y corre desde el Paseo Bravo por todo Reforma hacia el Zócalo, con el tiempo suficiente para entretener a la masa, que no halla la hora para iniciar la caminata, justo frente a la Villita, entre la 11 y la 13 Sur, desplegada en todos los colores ideológicos y de clase, con la uniformidad de la convocatoria, la de tirar una vez más a un gobernador del régimen priista que ha controlado Puebla desde 1935, cuando el PNR de Lázaro Cárdenas impusiera como hombre fuerte al teziuteco Maximino Ávila Camacho. En 1964 cayó el general Nava Castillo; en 1971 el general Rafael Moreno Valle; en 1973, Gonzalo Bautista O’Farril. Eran tiempos de masas y tanquetas del ejército, de gases lacrimógenos y balaceras en las azoteas de las casonas.
Ahora sólo hay masas, y me pregunto si la misma espontaneidad.
1964: Atrás quedó el pleito entre mochos y carolinos, entre cristianismo sí/comunismo no. Ahora es el momento de tumbar al militar impuesto por Díaz Ordaz, el presidente electo que anda de viaje y no será capaz de impedir una conjura urdida en las oficinas del presidente López Mateos; el general Nava Castillo, el que tomó partido por unos y se metió en el pleito de otros y provocó, entre una revuelta de campesinos lecheros y estudiantes sesenteros, a una ciudadanía que ya no hallaba el rumbo sometida entre el autoritarismo eclesiástico y el académico, y una burocracia feliz en el letargo de la dictadura. La ciudad de Puebla comprobó el paso del tiempo y los rencores de la clase media. Cayó, sin miramientos, y a pesar de los tanques en las calles, el general Nava Castillo.
1973: “Estoy girando en este momento -grita frente a una masa en el Zócalo el gobernador Bautista O’Farril, también impuesto por Díaz Ordaz en relevo del fracasado doctor y general, como le decían, Rafael Moreno Valle, echado del cargo en 1971-, las órdenes de aprehensión contra el rector de la Universidad Autónoma de Puebla”. No llegarán a tiempo. En esa guerra que logra la alianza entre los gobernantes priistas y la derecha poblana, la cabeza que rueda es la del gobernador, acosado por sus propios encierros ideológicos y por las mudanzas de los entonces imperiales presidentes de la República -Luis Echeverría en turno-. Junior auténtico de la Revolución, Bautista cargará con los homicidios nunca aclarados de los profesores universitarios Enrique Cabrera y Joel Arriaga en 1972.
3. Alicia tiene 20 años. ¿Qué le devela el caso Marín? ¿Qué procesos sociales están ahí, ocultos para cualquier joven envuelto en esta masa que empieza a moverse sobre la avenida Reforma, y que ni siquiera acontecimientos de esta magnitud logran revelar? Son las preguntas por la región, por el país en detalle que no adquiere dimensión nacional sino hasta que alcanza el carácter policiaco. Cualquier valoración de la coyuntura obliga a una mínima apreciación histórica de una trama social que una vez más rebota con sus gritos contra las fachadas de los edificios. Cuántas cosas no ha visto de esta ciudad Alicia. No voy a ir muy lejos. Dos décadas de masas de la Reforma al Zócalo. Es la misma avenida. La Reforma, la borracha, la calle tomada, decimos. Así lleva un siglo, así que toda referencia a la historia hay que buscarla en la masa misma: “Si Carmen Serdán viviera los demonios del Edén escribiera”, leo en uno de tantos carteles que la gente lleva. Y Carmen sí se fue a la guerra. “Lo significativo es que hoy salió la clase media -me dice un político de Tehuacán, curtido cardenista, hoy funcionario en el gobierno michoacano-, eso no sucedía desde los tiempos carolinos”.
O una mujer de 82 años que por primera vez participa en una manifestación -la única vez que caminó por el centro de la avenida Reforma fue como escolar en el desfile del 5 de mayo de 1937-, y que dice: “Ustedes no conocen lo que es vivir en una dictadura, no se imaginan lo que fue vivir en el avilacamachismo”.
Por 50 años, y más allá del Zócalo, a la Reforma la llamamos la Maximino, en honor al sátrapa Maximino Ávila Camacho, camarada del presidente Lázaro Cárdenas y compadre del Gringo -como le decían en Izúcar a William Jenkins, el contrabandista de alcohol en el ingenio de Atencingo en la era gangsteril de la ley seca en Estados Unidos, y el patrono de la distribución cinematográfica en México, y quien, en un descargo comprensible de reconocimiento por Puebla, creara la Fundación Mary S. Jenkins, con 150 millones de dólares de 1963, el año de su muerte, sólo para que la manejara a su arbitrio, y por 35 años, el banquero Manuel Espinosa Iglesias, quien no tuvo empacho en olvidar todos los propósitos del millonario: la educación pública, el orfelinato, el hospital de oncología, la ampliación del sistema deportivo popular Alfa-. Maximino Ávila Camacho, el empleado postal teziuteco en 1913, nuestro general revolucionario, dispuso del estado como de su casa, y por mucho, por sus hermanos, por sus compadres y sus ahijados, por lo menos 60 años después de muerto. La Maximino, la hermosa calle de la dictadura es la espléndida calle de la burocracia, plantado como tenía en ella el palacio de gobierno, en la esquina del Zócalo con la 2 Norte. En 1996, el presidente municipal panista Gabriel Hinojosa recuperó la calle para el obispo novohispano del XVII, Juan de Palafox y Mendoza, quizás el único político con una verdadera visión de futuro en la historia de Puebla.
Por ello, entre estas fuerzas que nos contienen -qué antiguas son: liberales y conservadores, centro y región, inteligencia y cerrazón-, la memoria para ejercerla mientras el griterío de la marcha hilvana los trazos del tiempo contenidos en los años frágiles de mi hija Alicia. Son imágenes las siguientes como mojoneras que establecen los ámbitos profundos de una sociedad en movimiento -con la capital como punta de lanza de una compleja trama económica y social—, pero que en su inercia nacional de modernización carga en su entraña lastres antiguos de un país que ya no es, pero que sigue vivo en Puebla.
1983: Cualquier día en Houston, Texas, Eulogio Huesca Zapata, sobrino nieto del general Zapata, recibe a un grupo más de paisanos de Zacapala que, desde la Mixteca Baja, a 80 kilómetros al sur de la ciudad de Puebla, han cruzado la frontera en Texas para trabajar en la limpieza de tiendas y escuelas en esa ciudad petrolera. Eulogio salió 20 años antes, arrojado por la pobreza de la tierra que repartió la Revolución que no ganó su tío abuelo, pero en dos décadas ha logrado levantar un negocio indispensable en el trasiego de los ilegales mexicanos a Estados Unidos: presta los dólares para el viaje; les da cobijo a los mojados mientras arreglan acomodo en un trabajo; después, cobra disciplinadamente quincena tras quincena su capital y sus intereses. Poco a poco, y desde lejos, se convierte en el nuevo cacique de su pueblo. Punto de quiebre: la sequía de 1982 arrecia en los campos del sur mixteco, el hambre y la muerte azotan las familias, en un hecho histórico que no forma parte de los anales de la historia de Puebla. El éxodo, la masa disuelta, la ausencia. Don Eulogio Huesca Zapata, allá en Houston, prospera. En el largo plazo de una generación, entre 1980 y 2005, el concepto de pueblayork se extiende en más de 600 mil migrantes y remesas cercanas a los 900 millones de dólares anuales. La salvación del campo y del estado en Puebla, una entidad que contiene a México en su concentración (cerca de tres millones de personas viven en no más de siete ciudades, contando la capital) y su dispersión (dos millones de personas diluidas en 200 municipios, 800 pueblos y seis mil aldeas).
1983: El PRI pierde la elección municipal seis a uno, pero es otro país, así que el gobierno recurre igual al ejército para robar las urnas, que a los judiciales y a los funcionarios del Ayuntamiento para rellenarlas y cubrir las apariencias que le permitan presentar su victoria con un considerado tres a uno. La masa sale a la calle, con manifestaciones encabezadas por el candidato panista, el textilero Ricardo Villa Escalera. No hay tribunal que valga. El PRI no se ha robado todavía la elección en Chihuahua, ni ha ocurrido el sismo de 1985, así que la presidencia de la República sigue siendo imperial y no habrá ninguna batalla de Puebla.
1987: El gobernador Mariano Piña Olaya ha venido de fuera a gobernar el estado en el que nació por casualidad -sus padres eran maestros en la Normal Rural de Champuzco, en Atlixco-. Con su llegada se han ido los viejos militares policías Flores Narro y Álvarez Moguel. Todavía no otorga el mando al mayor José Ventura Rodríguez Verdín, hijo él del capitán Rodríguez, jefe policiaco local en los sesenta y setenta. Ahora es el momento de los hermanos Inurreta, hijos del militar fundador de la Dirección Federal de Seguridad en 1947; uno de ellos ha sido judicial de la Procuraduría General de la República. Señalado por el narcotraficante Rafael Caro Quintero en su proceso como uno de los agentes en su nómina, desaparece del mapa hasta que Piña Olaya lo nombra jefe de la policía en Puebla. El territorio es de ellos: de boca en boca se lleva la historia de las avionetas del narcotráfico y las pistas de aterrizaje en las carreteras del aeropuerto de Huejotzingo y la de Valsequillo a Tecali. Todo mundo rumora del general poblano y su actividad desde la jefatura de la XXV Zona Militar en ese tráfico de vuelos.
Pero hay más: ni qué decir de las cuotas que tienen que pagar los mandos de policía y tránsito a los Inurreta, o las francachelas con las putas de la casa de Rosy ahí en la avenida Juárez. Llegan lejos los Inurreta: asaltan la casa de una mujer amante de un general de apellido Camargo; además de robar joyas intentan la violación de la hija; furibundo, el militar llega hasta la oficina de Inurreta pistola en mano. Supongo que lo contienen. Pero los cercos están rotos con los asaltos a las casas del propio secretario de Gobernación en funciones, Marco Antonio Rojas, y de uno de los principales exponentes de la colonia libanesa, Pedro Budib. Piña Olaya fue sometido por el presidente Salinas y los señores Inurreta abandonan el estado, por supuesto sin averiguación previa de por medio. También se va el general poblano, si no recuerdo mal, a la jefatura militar en Tamaulipas.
1989: 1° de mayo, las dos horas continuas de la columna independiente en el desfile sorprenden a los notables de la corte en una tribuna de 65 asientos -es la apoteosis de nuestro estalinismo-; el grueso lo forman los ambulantes, locatarios y amas de casa de la organización 28 de Octubre y Unión de Amas de Casa. Pasan con ánimo de unidad y de mostrar fuerza. Sus mantas: “Sector Verduras: muera el imperialismo”; “Primero de Mayo, revolución proletaria mundial, viva el marxismo leninismo pensamiento Mao Tse Tung”. Y el grito cantado por esa masa inexplicable para los jerarcas: “Aquí está el 28, gritando bonito y padre, pinches priistas, su gobierno vale madre”. El martes 4 de julio siguiente, Rubén Sarabia, Simitrio, dirigente de la organización popular de ambulantes 28 de Octubre, creada en 1973 luego de una represión policiaca, es detenido en la ciudad de México; el viernes 7 ingresa en el Cereso de San Miguel. Los cargos: delitos contra la salud, acopio de armas, incitación a la rebelión y privación ilegal de la libertad.
Todos, menos los jueces, sabemos que la policía estatal, al mando del mayor José Ventura Rodríguez Verdín, plantó un cuatro en el corralón de la 28 en la 14 Poniente con el que el gobierno logrará el encierro del dirigente por los siguientes 12 años. Entre 1973 y 1987 Simitrio trató con el mayor Flores Narro, el antiguo jefe policiaco, ambos jugaron las reglas de “te aprieto pero no tanto”, para llegar por último a la negociación para la salida de los ambulantes a los llamados mercados de apoyo, como el Hidalgo, en el norte de la ciudad. Simitrio tensó las cosas hasta un extremo con el gandallismo de los taxistas piratas de la base Corsario, con la fayuca, con los inquilinos de las vecindades, con la venta clandestina de alcohol en los mercados. Flores Narro y él al final se entendieron en el mexicano arreglo de la sobrevivencia mutua: la 28 se mantuvo como organización popular independiente y el gobierno logró su salida de las calles del centro. Tres años después, con un nuevo policía y un nuevo gobierno, ya no hubo acuerdo. Otro militar, Xavier Rueda, opera con las reglas de la vieja Dirección Federal de Seguridad. En unos cuantos meses pasa todo: la detención lapidaria de Simitrio, el ajusticiamiento de Gumaro Amaro, dirigente de la Unión de Amas de Casa, a plena luz del día y a las puertas de su casa, apenas unos días después de una impresionante movilización de más de 20 mil mujeres de los cinturones pobres de la ciudad.
1989: Partida en dos, la Universidad Autónoma de Puebla, la llamada universidad democrática, crítica y popular, dominada por cuadros del Partido Comunista en Puebla desde 1975, se bate en guerra civil. El 21 de diciembre por la tarde, y luego de una semana de refriegas en las calles del centro, el grupo respaldado por el gobernador Piña Olaya, que ha tomado la universidad y ha expulsado al rector Samuel Malpica, decide cortar a balazos el intento de sus rivales por recuperar el edificio Carolino. En la Plaza de la Democracia queda tendido el cuerpo del profesor universitario Miguel Antonio Cuéllar Muñoz. La etapa que sigue, conocida como “la era de los Dóger” -José Dóger Corte y Enrique Dóger Guerrero, primos hermanos, gobernaron la institución entre 1990 y 2004-, realizará la modernización administrativa, reducirá la matrícula de 100 mil nominales a 40 mil, elevará el presupuesto hasta superar por dos tantos el del Ayuntamiento de la ciudad, transformará la fachada y la entraña de la administración, con sus cuadros dirigentes formalmente afiliados al Partido Revolucionario Institucional. 1991: Montado en una expropiación federal, el gobernador Mariano Piña Olaya vende ilegalmente entre empresarios poblanos terrenos ejidales sobre los que se fundará un programa de reordenamiento urbano de la ciudad de Puebla. Y los clientes sobran.
Pagarán hasta cinco veces más por el metro cuadrado, y sin documentación alguna. Piña Olaya, con el mote de rapiña, se irá muy contento a su casa en el Distrito Federal. El subsecretario defraudador, Alberto Esteban Morelos, gozará como premio de una notaría en Tecali y años después será recontratado por el gobernador Melquiades Morales en su mismo cargo. En medio de todo el litigio, la movilización campesina contra la expropiación es paralizada con el asesinato nunca aclarado del comisariado ejidal de Momoxpan.
1992: La armadora alemana Volkswagen ve venir el Tratado de Libre Comercio salinista y estira hasta la ruptura la cuerda del sindicato que ha cobijado siempre, primero con la CTM en los sesenta, después con la Unidad Obrera Independiente del cacique obrero Ortega Arenas, y al final con un sindicato independiente de centrales y afiliaciones, aislado y manipulable; la huelga dura más de un mes y termina con la derrota obrera total, fuerza pública de por medio, y el desmantelamiento de las bases originales del contrato de trabajo. El sindicato acepta la llamada fractalización, por lo que operaciones directamente relacionadas con la fabricación de los autos serán realizadas por compañías externas. Siemens (arneses), Seglo (logística), Venteler de México (frenos), Johnson y Control (asientos), Dyw Auto Accesorios (rines), entre otras 150 empresas de proveeduría. Diez años después, la relación de autos vendidos quedará 80-20 favorable a la exportación a Estados Unidos.
1993: Manuel Bartlett, que ha asumido el cargo de gobernador el 1 de febrero, propone su “megaproyecto para recuperar la grandeza de Puebla”. Dos años después del despojo y la defraudación inmobiliaria de Piña Olaya, el gobernador Bartlett desconocerá las compraventas, reembolsará la quinta parte a los defraudados, y desarrollará el Megaproyecto Angelópolis sobre la misma expropiación del territorio campesino. Mil cien hectáreas arrebatadas por el progreso tan sólo a los ejidatarios de San Bernardino Tlaxcalancingo. Palabras como reordenamiento urbano, planificación, modernización aparecen en los legajos de la empresa consultora Mackensy, a la que el gobierno estatal paga 34 millones de dólares por los proyectos, y margina como proveedoras de conocimiento a las universidades de educación superior poblanas UAP, UDLA, UPAEP, Ibero. Expropiación de centenares de casonas en el centro histórico, centro de convenciones, acueducto desde los pozos perforados en los pueblos cholultecas de Acuescómac y Nealtican, periférico, radiales viales, transporte colectivo, 25 mil viviendas, agua potable, plantas de tratamiento. Bartlett restriega a los poblanos su ilustración y su despotismo, tan rancios como sus ligas con los poderes federales y la cartera pública, pues por primera vez en 30 años el gobierno de la República destina a fondo perdido los recursos necesarios para el desarrollo de un proyecto público en Puebla. Todo pasa por una cuota autoritaria: represión policiaca al descontento campesino; picota y trascabos contra las casas ocupadas por las familias que promovieron amparos contra la expropiación de las casonas en el centro; cambio al uso del suelo del decreto expropiatorio, con la pérdida de más de 60 hectáreas de áreas verdes; transacciones ocultas al público, como las que derivaron en el regalo de más de 45 hectáreas al empresario Carlos Peralta y 10 más a los Legionarios de Cristo.
1995: Una semana antes de las elecciones municipales, el 19 de noviembre, eufórico, Manuel Bartlett invita al grupo Bronco a un concierto de inauguración del periférico ecológico, una línea de 29 kilómetros de los que sólo seis cuentan con los seis carriles para la ida y la vuelta, que acabará como el chiste más malo y costoso del barttlismo. Tal vez 50 mil personas se divierten en el descampado de la expropiación. Una semana después, en el domingo electoral, por primera vez en la historia de la ciudad, el PAN le arrebata al PRI la capital del estado con una votación de dos a uno.
1998: Domingo 7 de noviembre, elecciones municipales; la historia se le viene encima al gobernador Bartlett, pues una vez más se le cae el sistema, ahora en la ciudad de Puebla; a las 10 de la noche no hay resultados, ni a la medianoche, ni al día siguiente. Crisis política y riesgo de elección impugnada por PAN y PRD. Mitin en el Zócalo el 14 de noviembre: Felipe Calderón Hinojosa, presidente nacional del PAN, rompe el acuerdo con los perredistas que impulsaron al sorprendente candidato futbolero Emilio Maurer, probable triunfador si el cómputo no hubiera estado en manos de la maquinaria priista.
El PAN se hace a un lado y no hay impugnación del proceso electoral. El PRI gana en los medios. Salvado por el PAN, el antiguo burócrata de Gobernación escucha en las tertulias con sus amigos: “de norte a sur se oye un clamor, Mario Marín gobernador”. 1999: Domingo 17 de octubre, miles de personas desplazan hacia el Zócalo víveres y materiales de toda índole para los damnificados de la sierra en una movilización que rebasa por mucho la aletargada respuesta de las instituciones gubernamentales frente a la catástrofe. Una tormenta tropical devasta entre el 4 y el 6 de octubre la llamada Sierra Norte de Puebla. Inundaciones y desplazamientos de tierra se llevan miles de viviendas, escuelas, edificios, campos de labor. Más de 250 muertos. Centenares de pueblos incomunicados. El esfuerzo de 50 años en caminos, escuelas, luz eléctrica, en buena medida, se lo han llevado los ríos. Sumado al terremoto del 15 de junio de este mismo año, la pérdida de viviendas rebasa las 10 mil. La naturaleza desnuda la precariedad del estado poblano, la pobreza de sus pueblos, la marginación extrema de la población indígena. El gobernador Melquiades Morales mirará con ironía que, por primera vez en la historia del estado, el gobierno de la República destina a fondo perdido más de 600 millones de pesos para la reconstrucción.
2001: Arranca el gobierno de Vicente Fox. En Puebla está en auge el espejismo exportador fundado en el capitalismo salvaje. La industria maquiladora genera 15 mil empleos en Teziutlán y 32 mil en Tehuacán. Decenas y decenas de fábricas de autopartes proliferan alrededor de la planta de Volkswagen, con cifras en empleo superiores a los 50 mil puestos de trabajo. Dos huelgas, la primera en diciembre del 2000, en la trasnacional Siemens, productora del entramado eléctrico de los New Beatles, y la segunda en enero del 2001, en la maquiladora coreana Kuk Dong, en Atlixco, perfilan las condiciones laborales de lo que muchos consideran un espejismo económico: mano de obra mayoritariamente femenina, salarios que no superan los cuatro dólares por día, jornadas de entre 10 y 12 horas, sindicatos blancos o de control charro (croquista) puro. El paro en Siemens inicia por el descontento de las mujeres por la comida en la fábrica; la huelga en Kuk Dong arranca por la rebelión de las costureras contra el despido de cuatro supervisoras que se quejaron por la mala calidad de los alimentos.
2003: El gobernador Melquiades Morales y Vicente Fox inauguran las instalaciones del Tecnológico de Monterrey plantadas en Angelópolis, en 25 hectáreas que le donan a los regios, parte de un terreno de 45 hectáreas a su vez donadas por Manuel Bartlett a Carlos Peralta, dueño del campo de golf vecino La Vista Country Club. Melquiades llega a afirmar en público que el regalo al Tec fue el único pretexto para quitarle por lo menos una parte al ex dueño de Iusacel. Estamos en plena explosión inmobiliaria en el territorio de las expropiaciones. Los grandes capitales comerciales -CARSO, Liverpool, Palacio de Hierro, Wall Mart, Comercial Mexicana, Cinépolis, Cinemark, etcétera- convierten el sueño de Manuel Bartlett en realidad: Angelópolis atrae una expansión extraordinaria sostenida por el consumo de las ciudades del sureste; fraccionamientos residenciales y campos de golf conviven con la explosión de miles de pies de casa de 20 y 40 metros cuadrados. Los viejos apellidos árabes y españoles que desde los ochenta huyen de la industria se convierten en los nuevos potentados del desarrollo inmobiliario. En las 20 hectáreas que el gobernador Bartlett le regalara a Carlos Peralta, el todopoderoso hijo de Alejo Peralta construyó un remedo de parque de diversiones llamado “Valle Fantástico”.
4. En el Zócalo, Alicia mira a Flor Coca Santillana, periodista y académica de la Universidad Autónoma de Puebla, la maestra de ceremonias en esta manifestación: ignora que el abuelo de Flor, Leobardo Coca, sindicalista textil en los años treinta, murió ejecutado a la luz del día en una calle del centro de la ciudad por matones de Maximino Ávila Camacho, gobernador en la era del presidente Lázaro Cárdenas; su mujer no se había enterado de la muerte de su marido cuando de la oficina del dictador le llegó a su casa una corona funeraria. Años después, los herederos de Maximino bautizaron con el nombre de aquel obrero a una colonia popular en el sur de la ciudad. La vida da vueltas, y ahí está su nieta al frente de una masa que increpa al gobernador Marín, la expresión última de la burocracia que ha controlado por más de 60 años el poder en Puebla.
¿De dónde viene Marín? ¿De dónde Melquiades Morales? De dos pueblitos, en su tiempo aldeas, para pasar por la vía de la carrera universitaria a la militancia del PRI y a los oficios recónditos de las secretarías particulares. ¿De dónde viene Manuel Bartlett? ¿De dónde Mariano Piña Olaya? De los escritorios profundos de Gobernación, de las bancas antiguas de la escuela de un presidente. En esos dos extremos, la burocracia local y la imposición federal, la sociedad poblana ha derivado entre la parálisis por sus crisis políticas y la medianía del estancamiento económico, pero siempre sometida a los rigores, las intrigas, los crímenes y los discursos de su clase política. Pero en el más puro estilo de los pasillos de Bucareli -el espionaje telefónico filtrado a la prensa-, se ha desatado nuevamente el reclamo de la masa al poder, representado por un hombre que en los últimos años supo mover los hilos rancios del culto a la personalidad.
Mario Marín nació en 1955, como uno de los 11 hijos de una familia que en los índices de la Sedesol caería sin duda en la categoría de marginación extrema. No caen muy seguido las tormentas en Nativitas Cuautempan, en plena Mixteca Baja, en el centro sur del estado de Puebla, pero de ese pueblito -y a la manera del ex gobernador Melquiades Morales, quien no deja de recordar la mañana aciaga en que abandonó la aldea en Chalchicomula- salió a pie a la ciudad de Puebla; también estudió leyes, y por supuesto en la UAP, en los años setenta. Lo apadrinó otro santón de la política priista, el actual presidente del Tribunal Superior de Justicia, Guillermo Pacheco Pulido, a principios de los ochenta, quien como magistrado lo contrató de tinterillo en el Tribunal, y ya como presidente municipal, en 1987, se lo llevó como secretario particular. De ahí todo fue escalar desde las oficinas municipales a las estatales, siempre en Gobernación. Piña Olaya y Bartlett, los dos extranjeros, pelearon sus guerras contra los santones locales, y se apoyaron en políticos de segunda línea, que no dudaron en jugar los dados de los gobernadores. Como subsecretario primero, y como secretario después, Marín cumplió con el cometido de toda Secretaría de Gobernación de la era priista: amañar las elecciones y aplicar la fuerza donde la política lo requiriera.
Con el encarcelamiento de campesinos contrarios a la perforación de pozos de agua potable para la ciudad de Puebla, en la región de los pueblos de Cholula, o en la represión de movimientos populares como el de la 28 de Octubre en 1995, por ejemplo, Marín se ganó a pulso su alineamiento con el gobernador Bartlett, y por supuesto la candidatura para la presidencia municipal en 1998. Jugó sus cartas como alcalde, no hubo freno en el uso de los recursos públicos para impulsar su imagen, y a pesar de la derrota del PRI en las elecciones municipales de 2001, arrebató a Melquiades el control de la estructura del partido en el estado, tendió sus puentes hacia las amistades y los recursos de personas como Kamel Nacif y brincó al carro madracista que lo llevó a la gubernatura en 2004. Atrás quedaron sus lazos con Manuel Bartlett. Sus partidarios más cercanos llegaron a verlo como el secretario de Gobernación de la restauración priista en 2006 y, por qué no, futuro presidente de la República. Marín, efigie, esculpió su propio culto. Y su propia caricatura.
2001: 15 de febrero, segundo informe de Marín como presidente municipal. El culto a golpe de pala. La figura, en el pedestal de la imagen, no se fragmenta. En la era electrónica, el aparato ya no necesita de las masas. Mejor aún, el milagro de la comunicación: las masas ya no necesitan de los actos públicos. Quebrará el sistema, pero se sostendrán los líderes. En el auditorio de la Reforma, en el cerro de los Fuertes, hace justo un mes, Melquiades Morales acaparaba las miradas y los aplausos para confirmar que es el poder presente. Hoy es la fiesta de Mario Marín, y pocas veces la liturgia del Informe reproduce los viejos tiempos. Pero no todos: afuera, en la explanada, no hay masas ni porras ni pancartas. No hay acarreo. Y, a juzgar por el video, no es que el bolsillo que esculpe el monolito de la personalidad del futuro ronde la insolvencia o se rija por pruritos republicanos y austeros. ¿Qué ocurre? Si hoy el viejo sistema se reproduce a la perfección dentro del auditorio, ¿por qué no están las sufridas masas para cantar que sigo siendo el rey y aquí están los altavoces para confirmarlo? No, no hay masas ni porras en la explanada del auditorio de la Reforma.
Apenas entiendo, pero Mario Marín no acarreó colonos o ambulantes, no necesitó de combis o microbuseros para el oficio del Informe. Los jerarcas llegaron en suburbans. Una mayoría de burócratas, ceñida al empleo, llenó la galería y cumplió de corifeo en el rito antiguo de los hombres que se esculpen a sí mismos: orgulloso, solitario, militante, Marín se modela para el poder.
Para la historia nuestra, la de este día marca el segundo año en la construcción de un culto a la personalidad. Hace un año, en el primer Informe, Mario Marín dijo: “Es el principio, yo soy el hombre….”. Inició entonces, sin remilgos, ya no en las cenas con la cofradía, sino desde su cargo público, la carrera al trono de nuestro pequeño reino.
Mario se mira de nuevo en video. Lo mira Melquiades. Hace mucho que uno y otro se miran a sí mismos, son su espejo, los separa un escritorio. Imagino su monólogo: “El hombre político siembra futuro para llegar al poder. Parte de abajo, caravanea, es su sombra la que mira desde arriba. Esculpe su personalidad en la grilla en corto, en el templete, en la imagen electrónica. En todo momento es ahijado y padrino, aplaudidor y, poco a poco, el aplaudido, el hombre que salió del escritorio oscuro para mirar desde tribuna con el rostro del que salva a las masas, el poseedor del futuro”.
Escribo estas frases para el monologo moderno de un político cruzado en la estantería del sistema, alentado por los moribundos dinosaurios en el sueño de la Restauración. Dice el italiano Norberto Bobbio que la tarea del hombre de cultura es sembrar dudas, no recoger certezas. Y lo dice siempre ilusionado por entender la relación entre los intelectuales y el poder, pero con la sabiduría de un viejo que ha visto demasiadas equivocaciones como para creer en la salvación por los iluminados. De tantas certezas electrónicas, de tanta liturgia megalómana, este poder arcaico que domina Puebla se deshace en dudas, se desmiente en proezas y se reproduce de nuevo a sí mismo. De Mario Marín guardo cuatro imágenes delirantes: en el video, lo miro paleando tierra a la manera de los grandes e infernales líderes europeos en los años treinta; Mario palea y los fotógrafos lo catapultan al futuro, el suyo es un espíritu que se piensa para las masas que lo admiran porque con él el mundo dejará de ser una desgracia. Y si besa niños y da banderazos de salida a corredores esforzados es porque él bendice y encauza destinos. En el salón de protocolos del Ayuntamiento se manda pintar en un mural como constructor de la ciudad, casco de por medio, arropado por sus arquitectos, embelesado en el plano de sus sueños. A la altura de las visiones del presidente municipal, el empresario José Abed levanta en su honor una estructura metálica de estación ferrocarrilera coronada por una bola dorada desastrosa, y que Marín bautiza como la torre del milenio.
Una última imagen: terminado el video, se encierra en la entrega del viejo aparato al informante municipal: Mario Marín apenas parado tras la mesa pétrea de Melquiades Morales y Pacheco Pulido, es por un instante el futuro de la cúspide en ese monumento gris a la jerarquía mayor de la burocracia que ha gobernado Puebla desde hace 60 años. Entre los santones de la política priista hay uno nuevo, todavía más santón, más joven, mestizo y fiero, para decirles a todos que él es el renacimiento.
5. 26 de marzo de 2006, nueva marcha y nueva masa en la crisis política poblana. A la vista, un probable pacto de sobrevivencia entre Marín y el gobierno federal, con la creación de una fiscalía antipederastia inaugurada por los funcionarios foxistas Medina Mora y Yunes; el gobernador en el clandestinaje -ni siquiera puede rendir homenaje a su santón Juárez-, intenta recomponer el amasiato con la prensa y los empresarios constructores del sexenio, paga del erario público una campaña de limpia de imagen y descalificativos electorales, mientras sus funcionarios, crispados en “el agravio al señor licenciado”, pasan de la parálisis al espionaje de los opositores.
Mediodía en el Zócalo. No son 40 mil pero sí rebasan los 10 mil. No hace frío, pero va a llover. Los gritos y las consignas son mucho más airados -hay uno extremo: “¡Maldito el cerro que te parió, Marín, come nopales!”-. Es la personalidad partida, la injuria racista contra el déspota. No puede haber otro tono frente a tal indefensión pública. En la memoria las frases de dos hombres acostumbrados al delirio que los ha esculpido a imagen y semejanza: “Mi góber precioso…”, flota en los altoparlantes, y la multitud responde a carcajadas como aldabonazos que conspiran contra el extremo grotesco del poder. “Aquí te tengo una botella bellísima…”, cantonea Kamel por la espesura de los fresnos y los pensamientos de todos los marchistas. “Ya le di su coscorrón a esa vieja cabrona…”, confirma el gobernador a la masa ante los paredones de Catedral. La grabación ilegal no cuenta para la ley mexicana. El Estado de derecho no cuenta para los mexicanos. Dos frases entre tantas en mi cabeza. Por un momento pienso que las voces de estos dos hombres -roncas, altivas, léperas en la altisonancia de los que todo lo pueden y ni por asomo se permiten pensar en que alguien lo ponga en duda- las hemos amasado todos en nuestra incapacidad histórica para construir contrapesos democráticos, en nuestra debilidad para desatar los amarres de esa urdimbre criminal en la política: no hay una reforma electoral en el Estado que garantice procesos electorales transparentes, partidos democráticos y legislaturas independientes del ejecutivo; las contralorías, las gubernamentales y la del Congreso, obedecen al gobernador; los medios de comunicación escritos y electrónicos, desde Televisa hasta el pasquín, sobreviven de las contrataciones del gobierno; y la procuración de justicia y los tribunales… tan sólo hay que escuchar las grabaciones.
Pero la voz de Flor Coca lo corta, es sólida, compensa todas las interrogantes que ha hecho Alicia: “Esta marcha ha sido convocada por el Frente Cívico Poblano…”. Sí, la masa se organiza como última defensa ante la ausencia de Estado de derecho. No ha podido ser de otra forma en la historia de Puebla. n

Ilegalidad, tráfico de influencias y derecho. Reflexión de María Amparo Casar sobre el caso Lydia Cacho

Ilegalidad, tráfico de influencias y derecho
por María Amparo Casar. Publicado en revista Nexos, Abril 2006.
Pocas veces se presenta un acontecimiento que exprese de manera tan nítida y brutal las muchas lacras que aún marcan a la política mexicana, las aberraciones legales que subsisten y la indefensión a la que estamos sometidos los ciudadanos. Pocas veces tenemos la oportunidad de constatar la ruindad y los alardes de impunidad de la que se precian algunos personajes. Pocas veces se puede presenciar en vivo la negociación de la dignidad de una persona: la de Lydia Cacho.
El caso Marín, el del “gober precioso”, es uno de ellos.
La indignante conversación que todos escuchamos entre el empresario textilero, Kamel Nacif y el gobernador de Puebla, Mario Marín, es como uno de esos cuadros de El Bosco que retrata en sus trípticos el mal invadiendo el mundo, sólo que en este caso a la política mexicana.
He aquí el recuento de algunos de ellos.
La ilegalidad como práctica cotidiana. Por haber ligado al empresario Kamel Nacif con una red de comercio sexual infantil, pederastia y pornografía, la periodista Lydia Cacho fue denunciada por difamación. Aun suponiendo el derecho del señor Nacif a denunciarla penalmente, el procedimiento adoleció de irregularidades y, más grave aún, de violación a las garantías individuales de las que se supone gozamos todos los mexicanos. No se trata de la celeridad con la que se actuó en este proceso. Ojalá todas las denuncias fueran atendidas con tanta prontitud. Lydia Cacho, la indiciada a raíz de la denuncia contra ella presentada, no fue notificada durante la averiguación previa.
Simplemente se envió a la policía ministerial para detenerla y trasladarla, sin garantizar su seguridad y el respeto a sus derechos individuales, a la ciudad de Puebla para ser encarcelada. Además de hacer una demostración de fuerza y prepotencia, la intención de no notificar a la periodista era, como es evidente, evitar que pudiera promover un amparo. Este hecho es muestra palpable de cómo se violenta la procuración y administración de justicia en nuestro país.
El contubernio entre el poder y el dinero. De las conversaciones entre Marín y Nacif no se desprende qué favores específicos le debe el primero al segundo, pero sí que hay cuentas pendientes que el gobernador está más que dispuesto a saldar. Más allá del probado placer del gobernador por acosar a los periodistas independientes, no cabe duda que el encarcelamiento de Lydia Cacho obedece a una petición del empresario a la que el gobernador accede sin reparo alguno. Valdría la pena indagar, por ejemplo, la participación de Nacif en la campaña que llevó a Marín a la gubernatura. Porque la rendición de cuentas del financiamiento de las elecciones a nivel estatal no sigue los mismos criterios de transparencia que hemos conseguido a nivel federal.
El tráfico de influencias. Las conversaciones están plagadas de demostraciones vergonzosas de influyentismo en todas direcciones: de un poder hacia otro, de servidores públicos de una institución hacia otra, de particulares a autoridades. La más obvia es, quizá, la vergonzosa ostentación que hace el empresario Nacif de su influencia en el penal. En la conversación se precia de poder decidir a qué crujía mandará a la periodista para que reciba su merecido, esto es, para someterla a abusos de índole sexual.
La subordinación del poder judicial al poder ejecutivo. Es cierto que hasta el momento no se ha producido documento alguno que pruebe una orden expresa del gobernador a la juez quinto de lo penal de Puebla, pero hay razones para documentar la subordinación. Ahí está la conversación en la que Hanna Nakad Bayeh le dice a Nacif que ya le dijo a la juez que “por orden del gobernador…, aunque sea cinco minutos… debe quedar encerrada en una celda”. Adicionalmente, alguna “sospecha fundada” habrá si el Tribunal Superior de Justicia de Puebla le abrió un expediente de determinación de responsabilidades por su actuación en el proceso seguido contra Lydia Cacho a la juez Rosa Celia Pérez González.
El control de los gobernadores sobre el resto de las autoridades locales y sobre los trabajadores al servicio del estado. Basten como botón de muestra de estas prácticas políticas que todavía son parte del ejercicio autoritario del poder, los desplegados firmados por la mayoría (124) de presidentes municipales de Puebla reconociendo en el gobernador a una “persona afable, cordial, honesta y respetuosa de la ley” y la manifestación de servidores públicos en su apoyo. Como en los mejores tiempos del acarreo priista y haciendo gala del poder de contratación y despido de los burócratas, el gobernador se organizó una manifestación de apoyo.
El estado de la libertad de expresión. Mucho se ha avanzado en este derecho por tanto tiempo conculcado en nuestro país. Los progresos son innegables, pero las investigaciones desatadas por la conversación muestran que ese derecho ni es tan absoluto ni tan extendido. Por si la conversación no fuera suficiente para ilustrar la concepción que el gobernador de Puebla tiene sobre los periodistas, diversos reporteros han documentado la política represiva de ese gobierno en contra de la libertad de expresión y la política de silenciamiento a la prensa por las dos vías más socorridas: el dinero y la amenaza (extorsión, despido, encarcelamiento…).
Éstas son sólo algunas de las lacras. Son ejemplos de delitos que suelen quedar impunes cuando de personajes políticos poderosos se trata. Lo más patético es que el caso de Lydia Cacho muestra la absoluta incapacidad de las autoridades para cumplir con las obligaciones para las que fueron creadas: garantizar un debido proceso judicial, respetar y hacer respetar los derechos humanos, castigar a quien los violente, investigar crímenes como la pederastia. Peor aún. Uno se pregunta no sólo qué hacer con autoridades incapaces de hacer cumplir la ley sino qué hacer con autoridades que son protagonistas de la ilegalidad y cómplices de los criminales.
Pero esta vergonzosa historia también nos debe llamar a reflexionar sobre las reformas que urgen en este país si queremos seguir avanzando en la ruta democrática que, además de tener elecciones justas y equitativas, debe incluir el ejercicio democrático del poder y, desde luego, la vigencia del Estado de derecho.
De la misma manera que el caso Marín es un retrato de las lacras de la política mexicana, también es una pauta para poner en la agenda nacional las reformas institucionales y legales pendientes.
La impunidad con que puede actuar el Ministerio Público y su dependencia de quien gobierna, que quedaron demostradas en el caso Marín, invitan a reconsiderar de manera urgente la iniciativa para dar autonomía al Ministerio Público y evitar, o al menos disminuir, su absoluta subordinación al poder ejecutivo. También es necesario que a nivel estatal se introduzcan mecanismos para garantizar la autonomía e independencia de los Tribunales Superiores de Justicia y de todo el entramado judicial. Los avances en materia de transparencia y acceso a la información deben generalizarse en todo el territorio nacional como vías para controlar a las autoridades y elevar la rendición de cuentas. Igualmente, la libertad de prensa debe ser garantizada en los estados de la federación.
No puede seguirse postergando la discusión sobre los alcances del derecho a informar y a ser informado. En nuestro orden jurídico, la intervención telefónica es un acto contrario a derecho si no media orden judicial (art. 177 del Código Penal Federal).
También lo es su divulgación. Según el artículo 211 bis, a la divulgación de información o imágenes obtenidas en una intervención de comunicación privada se le aplicarán sanciones de seis a 12 años de prisión y de 300 a 600 días multa. Este precepto contraviene el décimo punto de la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos cuya competencia fue reconocida desde 1999 por México y que a la letra dice: “Las leyes de privacidad no deben inhibir ni restringir la investigación y difusión de información de interés público”.
Existen además interpretaciones de la Ley de Imprenta en nuestro país que sustentan la excepción al principio de prohibición de la divulgación. En un escrito del abogado Alberto Zinser que Carmen Aristégui puso a mi disposición, se sostiene que: “Para que la revelación, divulgación o utilización de la información obtenida sea delictiva, debe ser indebida, esto es, sin derecho o en el caso alternativo, en perjuicio de otro. Aun interpretando de este modo el artículo 211 bis del Código Penal Federal […] es sostenible opinar que existe una excepción al principio de la prohibición, cuando en el cumplimiento del deber de informar, un comunicador difunde informaciones de interés general por referirse a la conducta o hechos ocurridos en el desempeño de la función pública. Los servidores públicos desempeñan una función que interesa a la sociedad y deben estar sujetos a la crítica respecto de su ejercicio, así se ha sustentado por nuestros Tribunales Federales en la interpretación de las disposiciones de la Ley de Imprenta”.
El caso Marín es un ejemplo claro, incontrovertible, del servicio que puede prestar a la ciudadanía la información allegada a los periodistas de forma anónima sin importar si dicha información fue obtenida de manera legal o ilegal. En ésta, como en muchas otras ocasiones, la difusión de la información puede ayudar a la prevención de delitos, a su castigo y a la rendición de cuentas de los gobernantes y autoridades. Pero las leyes están hechas para trascender casos particulares. Por eso se habla de que las normas son generales, abstractas e impersonales. La absoluta libertad para grabar y difundir información puede llevar a la anulación del derecho a la privacidad y a la intimidad. Por eso las comunicaciones privadas son inviolables, por eso se requiere orden judicial para las intervenciones telefónicas. Por eso urge un debate sobre cómo hacer compatibles el derecho a la privacidad y la rendición de cuentas, el derecho a la honorabilidad y el derecho a la información, el derecho a la intimidad y la libertad de expresión.
Ante un Código Penal como el nuestro, el periodista se enfrenta al dilema de difundir la información obtenida y arriesgarse a purgar una pena a todas luces desproporcionada, o guardarla y permitir que la impunidad persista. Sí, es absolutamente desproporcionado castigar a un periodista con seis a 12 años de prisión y de 300 a 600 días de multa por divulgar una conversación y, por otro lado, imponer “sanciones administrativas a los servidores públicos por los actos u omisiones que afecten la legalidad, la honradez, la lealtad, la imparcialidad y eficiencia que deben observar en el desempeño de sus empleos, cargos o comisiones” (art. 109 de la Constitución).
Uno de los caminos que se ha planteado es el de despenalizar la calumnia y la difamación, hacerlas materia del derecho civil. Al mismo tiempo es necesario revisar los derechos ciudadanos para protegerlos. Los ciudadanos muchas veces se encuentran inermes ante periodistas que o bien buscan venganzas personales o simplemente ejercen su profesión de manera irresponsable. También es indispensable fomentar el periodismo de investigación.
No sabemos si el Estado se hará cargo de perseguir y castigar a los integrantes de la red de comercio sexual infantil investigada y denunciada por Lydia Cacho. Tampoco sabemos cuál será el destino de Mario Marín y Kamel Nacif. No hace falta ni siquiera utilizar las conversaciones para iniciar juicios en contra de ambos personajes. Las conductas delictivas, si la justicia quiere actuar con la misma diligencia que lo hizo contra Lydia Cacho, están a la luz pública. La historia puede tener un final feliz como ocurrió con el caso Cavalho que purga sus culpas en prisión. Pero también puede acabar como con tantos otros personajes de la política y del dinero en donde los delitos cometidos queden impunes, los gobernadores continúan su mandato y sus crímenes en el olvido.
En todo caso, como dijo Lydia Cacho, el gobernador Mario Marín deberá responder ante los tribunales y la sociedad por haber vendido la justicia “en dos botellas de coñac” al magnate de la mezclilla Kamel Nacif, en Puebla. n