Lydia Cacho recibe premio en Suecia

 JPEGEl premio Nobel Jean Marie le Clezió escribió un texto especial para la entrega del Premio Tucholsky a Cacho, quien es la primera mexicana en recibir esta presea.

La organización PEN Club Suecia elige cada año a un escritor o periodista que haya sufrido de persecución, amenazas o encarcelamiento por su trabajo publicado. La periodista, escritora y activista de Derechos Humanos Lydia Cacho Ribeiro, ha sido torturada, encarcelada y sigue viviendo bajo amenazas por su valentía al revelar en sus libros “Los demonios del edén, el poder detrás de la pornografía infantil” y “Memorias de una infamia” quiénes operan y protegen a las redes de pornografía infantil y turismo sexual en México.
 
El premio Tucholsky fue creado en 1980 en honor del escritor alemán Kurt Tucholsky, quien huyó de la Alemania Nazi hacia Suecia en 1930, eventualmente se convirtió en un símbolo de la libertad de expresión y los escritores perseguidos.
 El Club PEN sueco, uno de los más antiguos clubes de escritores del mundo, ha reconocido a Salman Rushdie, Adam Zagajevski, Svetlana Alexievich entre otros. Cacho es la primera mujer mexicana en ser reconocida en Suecia, la cuna del Premio Nobel. Sobre la ganadora del Tucholsky el escritor Roberto Saviano, periodista italiano autor de Gomorra, y él mismo perseguido por la Camorra (la mafia italiana a la cuál develó en su libro) escribió el día del reconocimiento en Suecia: “Lydia Cacho es un modelo a seguir para todos aquellos que deseen trabajar como periodistas. Es una mujer de gran valentía que ha tenido que soportarla prisión y la tortura por defender a una minoría a la que nadie quiere escuchar, logró atraer la atención a la violencia a la que se somete a mujeres y niñas en México y en los lugares más pobres del mundo. Ella ha arrojado información que no estaba al alcance, y al hacerlo ha arriesgado su vida al denunciar a importante políticos y empresarios.(…)  Lydia Cacho tuvo que pasar por un injusto encarcelamiento y juicio penal, ha sido torturada y encarcelada con la finalidad de asustarla, para luego descubrir que sus acusaciones estaban bien fundadas. La importancia de su evidencia tiene una validez internacional. En todos los países en que los gobiernos son débiles, en que la sociedad normaliza la criminalidad, las mujeres, los niños y las niñas se convierten en las primeras víctimas. La Trata y explotación de seres humanos es el más primitivo de los crímenes, que en contraste con el tráfico de armas y drogas provee un alto margen de ganancias y un riesgo limitado para los criminales. El reconocimiento de Lydia Cacho es un acto civilizatorio”.
 
Un día antes del reconocimiento Lydia Cacho ofreció una conferencia en el antiguo edificio del Ministerio de Asuntos exteriores en Estocolmo. La conferencia fue inaugurada por la Ministra de cultura Lena Adelsohn. Las y los asistentes a la conferencia dijeron haberse sentido “profundamente conmovidos” ante la escritora mexicana, quien habló de la corrupción y la impunidad en México, pero amplió su análisis a la problemática mundial de la creciente violencia contra las mujeres y la explotación sexual infantil. “Suecia es la democracia funcional más importante del mundo, dijo Cacho, sin embargo a pesar de ser una sociedad altamente civilizada, no ha podido resolver dos problemas fundamentales de justicia: la violencia contra las mujeres en el ámbito doméstico y el abuso sexual infantil. Para construir democracias plenas tenemos que cuestionar nuestros sistemas de valores, aseguró la mexicana.
 El premio fue entregado a Cacho en el sótano de una vieja casa en el centro de Estocolmo; un lugar emblemático para las y los escritores Suecos y europeos perseguidos, que durante décadas se reunieron allí para leer su poesía y compartir su visión del mundo, huyendo de la censura y la persecución.
 

María Leissner Embajadora de la Democracia en Suecia fue quien entregó en premio a la mexicana. Acompañada del Director de PEN Suecia Bjorn Linnell, de varios jurados del Premio Nóbel, así como de escritores, escritoras, artistas y periodistas Cacho agradeció este reconocimiento, y explicó que su patria es México y que es allí donde desea seguir viviendo y escribiendo, a pesar de las amenazas y de la injusticia que permea en este país latinoamericano. La escritora estuvo acompañada de su pareja, el también periodista y director del diario El Universal, Jorge Zepeda Patterson.
 Del Club PEN han sido miembros grandes escritores como Joseph Conrad, George Bernard Shaw and H. G. Wells. También estuvieron Anatole France, Paul Valery, Thomas Mann, Benedetto Croce and Karel Capek jugando un papel fundamental para PEN. Con los años los miembros de PEN ha incluido a ganadores del Premio Nóbel y sus presidentes han sido Alberto Moravia, Heinrich Böll, Arthur Miller, Pierre Emmanuel, Mario Vargas Llosa y György Konrád. 
 
Lydia Cacho, de 45 años, es considerada por la agencia de las Naciones Unidas UNIFEM, como una experta en los temas de Derechos Humanos de las mujeres, niñas y niños, así como una reconocida investigadora sobre pornografía infantil y Trata de personas. Entre sus libros se encuentran el poemario Mujer delfín (Maldonado editores) la novela Muérdele el corazón (Ed.Plaza y Janés) El libro de crónicas Esta boca es mía (Ed. Planeta) así como los reportajes Los demonios del edén, el poder detrás de la pornografía infantil y Memorias de una infamia ambos bajo el sello Grijalbo.
En enero de 2009  presenta su nuevo libro Con mi hij@ NO, manual para prevenir, entender y sanar el abuso sexual infantil. Por el momento trabaja en una investigación para un libro sobre las redes globales de Trata de mujeres y niñas. Por otro lado es Fundadora y dirigió durante 8 años el Centro Integral de Atención a las Mujeres CIAM Cancún A.C. Un refugio para mujeres víctimas de violencia.
   
 

Un día sin periodistas

Una mujer camina por  la montaña en una provincial del norte de China,  se encuentra una cobija que cubre lo que parece un animalillo. Se acerca y descubre la manita de un bebé, abre la manta y descubre a una niña recién nacida, muerta. Avisa a la policía del pueblo.
Un hombre halla a una mujer de su pueblo escondida tras un árbol. La mujer llora. El hombre se acerca y descubre que tiene en sus manos el cadáver de una preciosa niña. La mujer se asusta y le pide al hombre que no la denuncie. El gobierno chino ha prohibido a las familias que tengan más de un hijo. Las niñas no tienen derecho a la educación, ni a ser propietarias de  sus tierras; las niñas no obtienen buenos trabajos, la mujeres en China son ciudadanas de segunda clase. Los niños, en cambio, tienen escuela y derechos y trabajo, ellos si pueden cuidar y  mantener a los viejos de la familia.Tener hijas es una carga. 
Un reportero chino de la provincia de Hunan descubre que cientos de niñas están siendo asesinadas selectivamente por madres y padres. Escribe un texto. Una semana más tarde el corresponsal del New York Times encuentra la nota del joven chino, perdida en la Internet, viaja al oriente y escribe un extraordinario reportaje. Organizaciones de derechos humanos del mundo y de China se movilizan, académicas de varios países analizan el fenómeno del feminicidio infantil selectivo. La comunidad internacional llama la atención al gobierno pequinés, exige políticas públicas que mejoren la vida de las mujeres y estrategias de salud sexual y reproductiva para todas las mujeres.
Las cooperaciones internacionales ponen la mirada sobre China e invierten en la creación y fortalecimiento de Organizaciones de derechos humanos de mujeres y niñas.
Una reportera de The Guardian en el Reino Unido lee el reportaje sobre infanticidio en China, ella vive en la India y algo similar sucede ¿Qué puede ser? se pregunta. La periodista investiga el infanticidio en la India y descubre algunos factores similares al fenómeno chino: los bebés muertos son niñas. Su reportaje levanta la indignación social en Inglaterra y Human Rights Watch actúa de inmediato subiéndose a la ola mediática para defender los derechos humanos de las niñas y mujeres de la India. 
El periodista JohnThor Dahlburg escribió “Where killing baby girls is no big sin” lo publicó en The Los Angeles Times y en The Toronto Star y las organizaciones de derechos humanos lograron que se reinvirtieran recursos para ONG´s indias con perspectiva de género y produjo cientos de estudios académicos sobre el vínculo entre el infanticidio femenino y la inequidad de género, la desnutrición y el sexismo cultural. Miles de mujeres en la India se movilizaron para defender y exigir sus derechos. 
 
Un reportero de El País en España, entrevista a una feminista sobre las mujeres migrantes y esta le platica acerca de las mujeres que huyen de países africanos a España y Francia por miedo a morir lapidadas. El reportero decide darle seguimiento a un correo electrónico en el cual un grupo internacional de feministas, desarticuladas pero con la misma misión, intentan que el gobierno Iraní detenga la muerte por lapidación de siete mujeres  que habían sido víctimas de violencia domestica, cuyo único delito fue no obedecer a un hombre. El reportaje impacta de tal forma que los llamados de Amnistía Internacional obtienen un eco impresionante, y las presiones mediáticas hacia los gobiernos que practican la lapidación surten efectos importantes. Amnistía Internacional envía un llamado urgente y le siguen cientos de organizaciones de derechos humanos en todo el mundo.
En México cada año medio millón de personas cruzan la frontera hacia los Estados Unidos, huyendo de la pobreza y la violencia. Una reportera de televisión elabora un reportaje sobre mujeres migrantes y descubre que cientos de niños se han ido solos en busca de sus familiares a los Estados Unidos. Un par de reporteros siguen la pista y encuentran un vagón de niños y niñas de entre 7 y 12 años que viajan como ilegales atravesando más de cuatro mil kilómetros de territorio, solos, con hambre, sed y miedo, peor soñando reunirse con su madre o su padre en el norte.
Universidades de la frontera estudian el fenómeno. Human Rights Watch elabora un informe sobre violación de derechos de niños y niñas migrantes, una agrupación de San Diego lee el reportaje sobre ese informe y decide fundar una organización de derechos humanos para cuidar, proteger y ayudar a los niños y niñas migrantes.
Podríamos pasar el día entero exponiendo ejemplos de la trascendencia social y humana que tiene el buen periodismo en el mundo entero. Pero estos ejemplos bastan por ahora.
Yo estoy aquí, viva y hablando en un foro de la UNESCO gracias a las buenas acciones de las redes de defensa de derechos humanos y gracias al buen periodismo. Como reportera develé una red de pornografía infantil en mi país México. En ella están implicados poderosos políticos y empresarios. Por publicar la verdad fui torturada y encarcelada; pero sobreviví y sigo haciendo mi trabajo como reportera especialista en Derechos Humanos.
El periodismo es una linterna para iluminar al mundo, un buen periodismo no solamente nos permite entender lo que sucede en nuestra comunidad, sino ayuda a revelar aquello que impide que nuestros derechos humanos se respeten plenamente. Un buen periodismo educa, descubre. Revela, ayuda a formar opinión. El buen periodismo enciende una flama, que ilumina al mundo, una flama que incita nuevas ideas, que genera procesos de solidaridad global, que a su vez, sensibiliza a más gente sobre la tragedia  del dolor humano provocado por los humanos. Un buen periodismo hace la diferencia en la velocidad en que la sociedad reacciona ante un tsunami o un temblor. Cada vez que un gobierno como el mexicano o el ruso o el Libanés permite la impunidad del asesinato de una buena reportera o un buen reportero, no solo arrebata a la sociedad de su derecho de conocer la realidad, silencia también a cientos de periodistas que temen ser asesinados por decir la verdad.
Hace unos años un cineasta de mi país hizo una película llamada Un día sin mexicanos. Gracias a ella millones de personas entendieron cómo sufriría la economía y la sociedad del sur de Estados Unidos sin las y los trabajadores ilegales que van de México. 
Hoy aquí en París les pido que imaginen un día del mundo sin periodistas. Nadie sabría lo que sucede en su comunidad. Ni el clima, ni el tráfico, ni los peligros, ni las buenas nuevas, ni los pequeños milagros cotidianos. Sería un mundo habitado por el silencio, una fiesta para los criminales, un aliciente para los políticos corruptos y abusivos. Un día sin periodistas es lo que nos espera si la comunidad internacional no reacciona adecuadamente ante el silenciamiento hacia las y los reporteros del mundo que muestran las diarias violaciones a los derechos humanos.
Hoy estoy aquí en Francia, el país que vio nacer a mi madre, para decir que ser periodista es una responsabilidad, un privilegio. Que mientras haya historias que contar allí estaremos, trabajando para revelar la realidad, para acompañar a millones de personas a tejer redes de solidaridad global de derechos humanos. Porque el buen periodismo es necesariamente una herramienta de los derechos humanos del mundo.
 
(Discurso de Lydia Cacho dictado en francés en Paris el 28 de octubre en la sede de UNESCO con motivo del premio Guillermo Cano a la libertad de expresión entregado a la autora)
 

PERIODISMO Y DERECHOS HUMANOS

 
LYDIA CACHO
 
Una mujer camina por  la montaña en una provincial del norte de China,  se encuentra una manta que cubre lo que parece un animalito. Se acerca y descubre la pequeña manita de un bebé, abre la manta y descubre una niña recién nacida muerta. Avisa a la policía del pueblo, la ignoran.
Un hombre encuentra a una mujer de su pueblo escondida tras un árbol. La mujer llora. El hombre se acerca y descubre que tiene en sus manos el cadáver de una preciosa niña. La mujer se asusta y le pide al hombre que no la denuncie. El gobierno chino ha prohibido a las familias que tengan más de un hijo. Las niñas no tienen derecho a la educación, ni a ser propietarias de  sus tierras, las niñas no obtienen buenos trabajos, la mujeres en China son ciudadanas de segunda clase, los niños tienen escuela y derechos y trabajo, ellos si pueden cuidar y  mantener a los viejos de la familia. Un reportero chino de la provincia de Hunan descubre que cientos de niñas están siendo asesinadas selectivamente por padres y padres. Escribe un texto. Una semana más tarde el corresponsal del New York Times encuentra la nota del joven chino, perdida en la Internet, se va a China y escribe un extraordinario reportaje. Organizaciones de derechos humanos del mundo y de China se movilizan, académicos de varios países analizan el fenómeno del feminicidio infantil selectivo. La comunidad internacional llama la atención al gobierno chino, exige políticas públicas que mejores la vida de las mujeres y una política pública de salud sexual y reproductiva para todas las mujeres.
Las cooperaciones internacionales ponen la mirada sobre China e invierten en la creación y fortalecimiento de Organizaciones de derechos humanos de mujeres y niñas.
Una reportera de The Guardian en el Reino Unido lee el reportaje sobre infanticidio en China, ella vive en la India y algo similar sucede ¿Qué puede ser? se pregunta. La periodista investiga el infanticidio en la India y descubre algunos factores similares al fenómeno de China: los bebés muertos son niñas. Su reportaje levanta la indignación social en Inglaterra y OXFAM actúa de inmediato subiéndose a la ola mediática para defender los derechos humanos de las niñas y mujeres de la India.  El periodista JohnThor Dahlburg escribió “Where killing baby girls is no big sin” lo publicó en The Los Angeles Times y en The Toronto Star, en 1994 y las organizaciones de derechos humanos lograron que se reinvirtieran recursos para ONG´s indias con perspectiva de género y produjo cientos de estudios académicos sobre el vínculo entre el infanticidio femenino y la inequidad de género, la desnutrición y el sexismo cultural. Miles de mujeres en la India se movilizaron para defender y exigir sus derechos. 
 
Un reportero de El País en España, entrevista a una feminista sobre las mujeres migrantes y esta le platica acerca de las mujeres que huyen de países africanos a España y Francia por miedo a morir lapidadas. El reportero decide darle seguimiento a un correo electrónico en el cual un grupo internacional de feministas, desarticuladas pero con la misma misión, intentan que el gobierno Iraní detenga la muerte por lapidación de siete mujeres  que habían sido víctimas de violencia domestica, cuyo único delito fue no obedecer a un hombre. El reportaje impacta de tal forma que los llamados de Amnistía Internacional obtienen un eco impresionante, y las presiones mediáticas hacia los gobiernos que practican la lapidación surten efectos importantes. Amnistía Internacional envía un llamado urgente y le siguen cientos de organizaciones de derechos humanos en todo el mundo.
En México cada año medio millón de personas cruzan la frontera hacia los Estados Unidos, huyendo de la pobreza y la violencia. Una reportera de televisión elabora un reportaje sobre mujeres migrantes y descubre que cientos de niños se han ido solos en busca de sus familiares a los Estados Unidos. Un par de reporteros siguen la pista y encuentran un vagón de niños y niñas de entre 7 y 12 años que viajan como ilegales atravesando más de cuatro mil kilómetros de territorio, solos, con hambre, sed y miedo, peor soñando reunirse con su madre o su padre en el norte.
Universidades de la frontera estudian el fenómeno. Human Rights Watch elabora un informe sobre violación de derechos de niños y niñas migrantes, una agrupación de San Diego lee el reportaje sobre ese informe y decide fundar una organización de derechos humanos para cuidar, proteger y ayudar a los niños y niñas migrantes.
Podríamos pasar el día entero exponiendo ejemplos de la trascendencia social y humana que tiene el buen periodismo en el mundo entero. Pero estos ejemplos bastan por ahora.
Yo estoy aquí, viva y hablando en un foro de la UNESCO gracias a las buenas acciones de las redes de defensa de derechos humanos y gracias al buen periodismo. Como reportera develé una red de pornografía infantil en mi país México. En ella están implicados poderosos políticos y empresarios. Por publicar la verdad fui torturada y encarcelada; pero sobreviví y sigo haciendo mi trabajo como reportera especialista en Derechos Humanos.
El periodismo es una linterna para iluminar al mundo, un buen periodismo no solamente nos permite entender lo que sucede en nuestra comunidad, sino ayuda a revelar aquello que impide que nuestros derechos humanos se respeten plenamente. Un buen periodismo educa, descubre. Revela, ayuda a formar opinión. El buen periodismo enciende una flama, que ilumina al mundo, una flama que incita nuevas ideas, que genera procesos de solidaridad global, que a su vez, sensibiliza a más gente sobre la tragedia  del dolor humano provocado por los humanos. Un buen periodismo hace la diferencia en la velocidad en que la sociedad reacciona ante un tsunami o un temblor. Cada vez que un gobierno como el mexicano o el ruso o el Libanés permite la impunidad del asesinato de una buena reportera o un buen reportero, no solo arrebata a la sociedad de su derecho de conocer la realidad, silencia también a cientos de periodistas que temen ser asesinados por decir la verdad.
Hace unos años un cineasta de mi país hizo una película llamada Un día sin mexicanos. Gracias a ella millones de personas entendieron cómo sufriría la economía y la sociedad del sur de Estados Unidos sin las y los trabajadores ilegales que van de México. 
Hoy aquí en París les pido que imaginen un día del mundo sin periodistas. Nadie sabría lo que sucede en su comunidad. Ni el clima, ni el tráfico, ni los peligros, ni las buenas nuevas, ni los pequeños milagros cotidianos. Sería un mundo habitado por el silencio, una fiesta para los criminales, un aliciente para los políticos corruptos y abusivos. Un día sin periodistas es lo que nos espera si la comunidad internacional no reacciona adecuadamente ante el silenciamiento hacia las y los reporteros del mundo que muestran las diarias violaciones a los derechos humanos.
Hoy estoy aquí en Francia, el país que vio nacer a mi madre, para decir que ser periodista es una responsabilidad, un privilegio. Que mientras haya historias que contar allí estaremos, trabajando para revelar la realidad, para acompañar a millones de personas a tejer redes de solidaridad global de derechos humanos. Porque el buen periodismo es necesariamente una herramienta de los derechos humanos del mundo.
 
(Discurso de Lydia Cacho dictado en francés en Paris el 28 de octubre en la sede de UNESCO con motivo del premio Guillermo Cano a la libertad de expresión entregado a la autora)
 
 

Paramilitares en casa

Cuando aun tenía escoltas de la AFI por amenazas de muerte, los guardias privados de mi vecino, un millonario norteamericano, preguntaron a mi escolta como conseguir armas. Cada día encontramos más grupos de seguridad privada dispuestos a llevar armas, legales o ilegales, para proteger las propiedades y personas de las familias adineradas de México, que a pesar de la inseguridad eligen quedarse en nuestro país.
Las leyes de la física dicen que todo vacío tiende a llenarse eventualmente; es así como el vacío de seguridad poco a poco es llenado por especialistas de protección personal. Ni siquiera las agencias de seguridad tradicional parecen confiables para quienes pueden pagarlas. Nada pueden contra narcotraficantes, sicarios, zetas y secuestradores profesionales fuertemente armados. El comercio de armas ilegales es una realidad.
Este fenómeno no es nuevo, Colombia pasó por la creación de cuerpos especializados que más tarde pasaron a  formar parte de grupos paramilitares  criminales llamados Autodefensas Unidas. La complejidad del tema apenas nos permite poner sobre la mesa algunas preocupaciones.
En los tiempos del famoso Tigre Azcárraga, dueño del gran emporio televisivo nacional, el ejército creó un grupo de especialistas asignados para él y para los periodistas de la empresa. Estos soldados fueron elegidos minuciosamente, entrenados como escoltas y dotados de armas, cuyos permisos se renuevan cada año luego de un examen y el registro. Nadie más que el ejército puede autorizar la asignación de armas legales para guardianes que no pertenezcan a agencias policíacas especializadas. Y sólo el ejército aprueba la portación de armas para caza deportiva o clubes de tiro. Los escoltas desarmados, lo sabemos, no son otra cosa que escudos humanos para balas, testigos de robo o secuestro, o chóferes de lujo. Los empresarios también lo saben.
Monterrey, el Distrito Federal, Sinaloa y Guadalajara son algunas de las ciudades con un mayor número de familias resguardadas por escoltas privados, la mayoría armados y entrenados para matar si es necesario. Algunos privilegiados, como la dueña de FEMSA, son escoltados por el FBI.
Cada día más empresas especializadas en valoración de riesgo (risk assesment) abren oficinas en México. Son ejecutivos altamente especializados en estrategias integrales de protección de personas y familias adineradas. Negocian rescates, investigan al personal que labora en casa o en la empresa, desde la nana hasta la secretaria. Algunos que han hecho grandes fortunas en Colombia, a raíz de la guerra contra el narco y la inseguridad resultante, han visto el potencial de México. Su creciente presencia contradice las buenas noticias que nos cuentan desde Gobernación. Más allá de la anécdota resulta imprescindible analizar las consecuencias que pueden resultar de este fenómeno de cuerpos de seguridad privada o policías paralelas. Cuando el dueño de un poderoso diario nacional dijo que huye de México por miedo, otros veinte le siguen. El nerviosismo del gobierno no es menor, los inversionistas que se expatrían por la inseguridad, eventualmente se llevaran su dinero, dejarán de invertir en nuestro país. Décadas de corrupción e impunidad revelan sus efectos, ahora contra ricos y pobres.

México… ¿país peligroso?

Por María Dolores Bolívar
Desde la frontera leemos aterrados acerca de la realidad del México que muchos amamos y que vemos deteriorarse semana a semana. Tiroteos, secuestros, más tiroteos. Los últimos focos rojos se encendieron cuando leí el reporte titulado Libertad de Prensa en México: La sombra de la impunidad y la violencia. Su inicio escueto, llano, obliga a la reflexión:
“México es uno de los países más peligrosos para periodistas en las Américas. En los últimos ocho años, por lo menos 24 periodistas y trabajadores de los medios han sido asesinados, ocho más permanecen desaparecidos y decenas han sido amenazados, intimidados o agredidos en razón de su oficio. La mayoría de las agresiones contra periodistas se encuentra en total impunidad, lo que provoca un estado generalizado de autocensura.”
La pregunta que asalta, a quién lee estas palabras es ¿en dónde empezó y cuándo termina esta pesadilla? Visto en contexto, la pesadilla no es solo la violencia contra periodistas, sino el que la represión, abierta o velada, interfiera con el derecho a la información que debieran tener los ciudadanos. En ese contexto, la violencia contra los periodistas se presenta como la última gota de una realidad en la que otros males –entre males no se debe distinguir si mayores o peores- que aquejan a los mexicanos. Dicho de otro modo, qué horrores saldrían a la luz si la prensa no fuese acallada. A qué horrendas realidades temen quienes ultiman a periodistas.
Y es que parece que el enemigo de los periodistas es elusivo, ubicuo, omnipresente; ataca desde y hacia distintas direcciones. Descubrirlo no es fácil. Observamos atónitos en el pasado el curso que tomó el caso de Lydia Cacho, luego de que la periodista se atreviera a exponer a la cabeza de una red criminal, y nos preguntamos ¿hasta cuándo? Síntoma de males inauditos, la enfermedad del país se resume en esas dos “palabras mayores” impunidad y violencia.
Pero a qué deterioros e ignominias se somete al periodista que 13 organizaciones coincidan en declarar a México “uno de los países más peligrosos” para el oficio. La muerte, en primer lugar; la desaparición; la persecución obvia, serían de por sí condenables. Pero inquietan también, causales de un orden indignante; prácticas cotidianas que acallan, con impunidad, a las ideas y la libre expresión. El reporte aludido asume tres ejes contundentes: impunidad, falta de protección –o indiferencia y desdén de las autoridades por el derecho a la información-, autocensura.
No varía en gravedad el que la muerte o desaparición de un periodista no se investigue, permaneciendo impune, y que del diario muchos en el oficio elijan por supervivencia al silencio. En ambos casos el culpable se agazapa tras un servidor público o son los mismos gobernantes quienes propician ese estado de cosas. El informe aludido nos sitúa en un país donde es segunda naturaleza que funcionarios públicos, con fondos también públicos, dicten línea a los diarios mediante la compra de publicidad. Y no solo sufren los periodistas; se arremete también contra sus familias, sus comunidades. En el reino del miedo el silencio se convierte en la única realidad aceptable. Aunque al observar la historia del país el panorama se vuelve aún más desalentador pues, la pregunta -¡ay Dios!- es como volvimos a esto. Durante un siglo la prensa ha vuelto a ser la enemiga del régimen.
Y aquí las formas de violencia reveladas por la misión internacional que incluye a Reporteros sin fronteras, Artículo 19, International Media Support, Asociación Mundial de Radios Comunitarias, Instituto Internacional para la Seguridad de la Prensa, Open Society Foundation, Comité para la Protección de Periodistas; Federación Internacional de Periodistas, Fundación para la Libertad de Prensa, Fundación Rory Peck Trust, Instituto Internacional de la Prensa, Sociedad Interamericana de Prensa y UNESCO:
• La ausencia de un marco normativo regulador de la publicidad oficial, herramienta para cierto grado de censura que acalla o premia a quienes denuncian los atropellos y fechorías de los gobiernos estatales.
• La ausencia de un marco jurídico en torno a la difamación -25 estados tienen todavía un marco jurídico contrario a los principios internacionales de la libertad de expresión- mecanismo que emplean los gobiernos para encarcelar a periodistas que denuncian los abusos cometidos desde el poder.
• El reino de las agresiones físicas, petardos o tiroteos, acoso verbal, órdenes de aprensión basadas en infracciones de tránsito u otras que no causarían arresto a otras personas.
• Las amenazas personales directas, o a familias, amigos y vecinos de los periodistas (así el caso de las radios comunitarias).
• La intimidación y utilización de la influencia a manera de presión.
• El ostracismo.
• La pérdida del empleo.
Y en el terreno de la impunidad, al margen de lo ya descrito, están los premios; los subsidios disfrazados de publicidad; los susidios directos –casas, autos, viajes a los bien-portados; los regalos e invitaciones en las que se ofrecen servicios o prebendas varias; el dolo y la impunidad que dictan la imposición de fotos en planas compradas; la inserción de notas y declaraciones sin sustento real; los desplegados; la práctica infamante de los boletines de prensa; las advertencias veladas; las sesiones de lineamiento en desayunos y comilonas que le cuestan a la ciudadanía y las “llamadas” conferencias de prensa.
El país nos duele a los de afuera “como si fuera un enfermo en coma, agonizando en una sala de emergencia”. La imagen del enfermo es de mi colega Mario Martín Flores y deja ver un poco de lo que vemos por acá, junto con una inmigración rampante, sintomática que las cosas se agravan. Y lo más preocupante es que nadie haga nada… como no sea por militarizar, establecer “el orden” policial y con él más retenes, más tiroteos, más violencia, más impunidad, más caos.

Sociedad maniatada

Plan B                                    Columna de Lydia Ccaho publicada todos los lunes en El Universal y otros diarios nacionales
 Carlos me platicaba que cuando sus hijos vieron en los diarios la nota sobre el asesinato y secuestro del chico que compartía con ellos las clases de deportes, se vio obligado a explicarles que Fernando fue secuestrado para sacarles dinero a sus padres, pero los delincuentes decidieron matarlo de cualquier forma. El niño de nueve años, que escuchaba angustiado, le dijo “Papá, vámonos de México, este país no quiere a los niños”. Hace unos meses una mujer maya de Quintana Roo me aseguró que este país no quiere a las indígenas, que les explota y les discrimina. Un joven que pertenece a los Emmos, me explicó cómo crearon una tribu urbana a la que pertenecen miles que se cuidan entre sí, porque a las y los adolescentes no se les escucha y se les trata como delincuentes. Isabel Miranda de Wallace, valiente madre de un secuestrado, dijo que Calderón la ignora porque le recuerda la incapacidad del Estado en temas de justicia. A ella, la mujer que dejó de una pieza al país cuando persiguió a los secuestradores de su hijo, no la recibieron en los Pinos, porque no representa al poder empresarial, sino al poder ciudadano. Lo mismo las miles de familias de asesinadas en Chihuahua, las familias de Tijuana, Morelos y Sinaloa cuyas criaturas adolescentes fueron secuestradas, mutiladas y asesinadas. José Luís Rodríguez Zapatero ha dicho que España fue reconstruida por la sociedad civil al lado de su partido. Suecia, Suiza y Francia no serían lo que son sin la fortaleza de la sociedad civil que participó activamente en su democratización. Todas las representaciones civiles han tenido cabida en sus gobiernos y se refleja en las políticas públicas y las transformaciones sociales. En México en cambio, la sociedad civil es ignorada por el gobierno, ¿por qué? Para el PRI la cosa pública era patrimonio exclusivo de la clase política. La sociedad equivalía a: electorado, contribuyentes y carne de cañón del corporativismo. El PRI quería base social no interlocutores. Para el PAN, en cambio, decir sociedad civil es decir iniciativa privada. O sea, lo que es bueno para los empresarios es supuestamente bueno para el país. Sociedad civil es sinónimo de Coparmex y empresarios de elite. Y en asuntos de moral pública y educación quien manda es la Iglesia. Para el panismo más recalcitrante, las organizaciones de la sociedad civil son la peste, deben ser controladas, descalificadas o eliminadas de ser posible. El activismo social y las causas humanitarias, como los derechos de las mujeres, de la infancia, el indigenismo, los movimientos culturales, los de diversidad sexual, y la defensa del ecosistema, les producen irritación. A la mayoría de panistas en el poder les parece que los derechos humanos son asunto de “rojillos”, sinónimo de agitadores sociales. Los medios y periodistas son un estorbo si no se someten al poder. Las 400 mil personas expulsadas por pobreza y violencia cada año, son simples migrantes, y quienes les defienden son organizaciones rebeldes que buscan problemas. Los millones de personas convencidas en defender el petróleo son descalificadas como apátridas e ignorantes. Las y los académicos con buenos proyectos para la renovación del sistema de justicia penal, son intervencionistas. En un país con ciento cuatro millones de habitantes, sólo cuenta la opinión de diez mil. Eso no es democracia. www.lydiacacho.net

Secuestradores invisibles

Se llama José R, es un tipo alto, norteño bien parecido. Su esposa y sus hijos lograron escapar de este hombre que fuera policía judicial de Torreón, y luego “madrina” de la procuraduría de Nuevo León. Él fue capacitado por un grupo israelí que presta sus servicios en México para entrenar cuerpos especiales de policías. El procurador de Torreón creó un grupo especial antisecuestros, y este policía se capacitó tan bien, que pasó a formar parte de un  equipo que se dedicaba a “rescatar” secuestrados que ellos mismo habían raptado. Luego intentó contratarse como guardaespaldas para una afamada familia de lecheros de torreón, cuando su hijo fue secuestrado, este policía estuvo involucrado, pero nadie lo tocó. El sujeto practicaba técnicas de tortura con su esposa, frente a sus hijos. Fue entrenado para soportar e infligir dolor y terror.
José R. viajaba a Tamaulipas para comprar armas de alto calibre. Usaba a su familia de carnada para cruzar  y tenía amigos de ambos lados de la frontera. Jamás fue detenido con sus cargamentos. Las armas eran vendidas a varias procuradurías. Cuando José R. utilizó sus contactos en PGR para averiguar en dónde estaba su mujer, ella denunció todo, la información puntual se le entregó a agentes de SIEDO, hasta los niños dieron detalles de su padre. Meses después, su expediente desapareció de la PGR. El hombre llamó para amenazar, fue grabado y  se le dio la evidencia a las autoridades, hasta que un agente de SIEDO me dijo: deje de preocuparse señora a ese tipo nadie lo va a detener, las “madrinas” no existen, son parte del sistema. Sé de buena fuente que el tipo ya no les molestará más. Así fue.
Cientos de hombres invisibles como José R., son eslabones entre el crimen organizado y las procuradurías. Son intocables porque durante décadas los “madrinas” han hecho los trabajos sucios de gobernadores, alcaldes, procuradores y empresarios corruptos que necesitan deshacerse de alguna persona, o darles escarmiento a periodistas incómodos. La ineficacia de los Ministerios Públicos, aunada a la corrupción e incapacidad de los jueces, les aseguraron carreras criminales fructíferas.
No son, como el cine mexicano les muestra, bárbaros de calaña pulquera y evidente malicia. Son sujetos que visten bien y se expresan como hombres ilustrados, la mayoría tienen entrenamiento paramilitar, no levantan la voz, actúan como hombres de poder, porque lo son. Manejan sumas de dinero importantes; tienen cuentas de banco en México y en Estados Unidos.
El tráfico de armas y el secuestro mueven millones de dólares en México. Ellos saben bien, que lo que conocen de sus clientes y las corporaciones estatales y federales a las cuales pertenecieron, les mantienen invisibles ante las autoridades. Los “madrinas” se han sofisticado con los años, se contratan para ambos bandos, se infiltran en la PGR, en SIEDO, en la SSPF, o nacen en ellas y se subcontratan con grupos criminales. Son producto del sistema político-policiaco que sigue vigente.
Mientras los políticos pelean por el raiting de quién es más grande para abatir el secuestro, las cuentas bancarias y sus nexos con gobernadores y procuradores, siguen intocadas por la PGR. La impunidad real no la siembra el secuestrador express del taxi callejero, que con 3 mil pesos queda satisfecho; él se cobija en el miedo sembrado por los hombres invisibles que el sistema de justicia mexicano prohijó y que sigue sin mirarles. www.lydiacacho.net

¿¡Ya basta! señor Presidente?

Columna publicada los lunes en El universal y otros diarios de México
PLAN B
Lydia Cacho

Felipe Calderón tiene miedo. Pero no es el mismo miedo que tenemos 104 millones de mexicanos y mexicanas que sabemos que de cien delincuentes que nos ataquen solamente dos irán a prisión. No es el miedo de los empresarios que saben que su cabeza tiene precio para los secuestradores. Ni el de las y los periodistas que reciben granadas en sus redacciones, o cabezas y cuerpos mutilados a la puerta de sus diarios. No es el mismo miedo de los familiares de las y los reporteros secuestrados, torturadas, desaparecidos.
El presidente tiene el miedo de quien cree que tiene el control de la situación y la realidad le abofetea en el rostro para recordarle que se equivoca. El asesinato de Edgar Millán desató su ira y  el “¡Ya basta!” (aunque unos días más tarde nos aseguraron que vamos ganando al guerra. ¿Acaso Mouriño confunde la realidad con el score de su X-Box?).
Junto con su “Ya Basta”, el presidente expresó sus reclamos a la prensa, a las y  los ciudadanos: “Es una exigencia sin excepción. A los ciudadanos para no ser cómplices de la ilegalidad, para denunciar los delitos, para avisar a las autoridades de los delitos, de las operaciones criminales. Para no solapar la existencia, ni en el barrio, ni en la ciudad (…) ni en la cámara empresarial de las organizaciones criminales”.
Esta retórica de corresponsabilidad valdría en un país en que el gobierno reconoce a las sociedad como interlocutora. Pero el gobierno de Calderón tendría que ser capaz de darle garantías y seguridad a las y los que siguiendo su “exigencia” arriesguen su integridad y la de sus familias. Pero algo no cuadra en este grito de guerra presidencial. Las y los periodistas que hacen justo lo que Calderón pide, son sometidos a juicios interminables como el que enfrenta Miguel Ángel Granados Chapa, o están muertos como Jesús Blancornelas y 30 más; o viven bajo amenazas como cientos de colegas. No es válida cuando el gobierno despolitiza y desprecia los derechos humanos. Porque los derechos humanos no son una súplica moral, sino una exigencia legal para evitar (entre otras cosas) los abusos del poder en todos los ámbitos sociales. No se puede exigir a la sociedad que se sume a la guerra,  mientras al ejército y la policía tienen carta blanca para violar derechos y arroparse entre el patriotismo y la corrupción.
Yo le pregunto al Presidente. ¿Es una guerra contra las drogas o contra los poderes del Narco? ¿En quién sugiere el Presidente que creamos? ¿Que denunciemos ante la policía infiltrada que vendió a Millán? ¿Acaso no tienen SIEDO y la Secretaría de Hacienda instrumentos para investigar la economía criminal en las cámaras empresariales? ¿Propone el Señor presidente que la gente común vaya a la policía local a denunciar las narcotiendas que los polis protegen?  ¿Llama a la sociedad solapadora cuando en el Congreso están los priístas que generaron y alimentan un sistema sin Estado de Derecho,mismo que fortaleció  al Crimen Organizado? ¿Por qué la policía federal y el ejército no persiguen a los sacerdotes y obispos que reciben narcolimosnas? ¿cuántos de los narco-procuradores  que son investigados por SIEDO están el prisión? ¿Quién solapa a los gobernadores  y alcaldes asociados con el crimen organizado?  ¿Quién se toma la foto a su lado?     www.lydiacacho.net

ULISES RUIZ: PROTECTOR DE PEDERASTAS

Por Lydia Cacho
Hace tres meses, me buscó la madre de una de las niñas que fuera utilizada, a los 5 años, para fabricar pornografía infantil por la red de Succar Kuri, protegido de Kamel Nacif, de Mario Marín y Emilio Gamboa, entre otros. Con la mirada inundada de desesperanza, con la voz cansada, con la ira colgada de su pecho, me dijo que luego de casi cuatro años de abogados, de juicios, de amenazas de muerte, Succar otra vez quiere que su hija vaya a verlo y declare por enésima vez. Y la niña, ahora de quince años, habla de quitarse la vida si la fuerzan a ir al penal de La Palma a ver a su abusador; si otro juez se atreve a pedirle que narre sus recuerdos de terror infantil. Y la madre dice que si tiene que matar a alguien, pues mata, pero a su hija no la vuelven a llevar a un juzgado. Y menos aun cuando la Suprema Corte avaló la protección de Kamel Nacif Y Mario Marín, la protección a la red de pederastas y políticos que se protegen por intereses compartidos, intereses empresariales, políticos, de lavado de dinero. Pero no va a matar a nadie, volverá a su hogar a soñar que algún preso compasivo asesina al pederasta en su celda. Ese es el sueño que le permite dormir, que le da esperanza.
A esas madres se suma una más joven, de Oaxaca, llena de orgullo maternal, de dignidad, cuenta una y otra vez las historias. Su mirada muestra cómo su corazón ya está al borde del desconsuelo. Trae consigo los videos –como los traían las víctimas de la red de Succar Kuri-, lleva consigo fotografías y peritajes médicos del daño ocasionado a su bebé por los pederastas. Y habla, y habla para que su país le crea, le crea que aquello que está más que probado, mas que demostrado sí sucedió. Que lo real es cierto.
Leticia Valdez Martell, en su periplo agotador por los medios, busca con la fortaleza de una madre arquetípica, que los culpables paguen por eso que se ve en los videos, por violar bebés en una escuela y grabarles para producir pornografía infantil.
Mientras ella se atreve a decir la verdad, Ulises Ruiz da órdenes para silenciarla. Según una secretaria del juzgado de Oaxaca, hay órdenes precisas del gobernador para que el caso se dilate, para que no se sigan acumulando pruebas. Ordenes para que se apague el caso en el cuál está implicados la propietaria del Instituto San Felipe, Yolanda León Ramírez, su esposo, Hugo Gabriel Constantino, su sobrino y profesor de ese centro escolar, Alan Salvador Pérez Ramírez. Pero no están solos. Han sacado ya de la Procuraduría de Oaxaca doce expedientes de casos similares con los mismos implicados pero a los cuales se suman nombres de agentes de la policía estatal de Veracruz y de Oaxaca. Personajes del PRI estatal y según las fuentes, un pedófilo perteneciente al PRD de esa entidad. Ninguno de esos expedientes tiene seguimiento; no pude averiguar si fue por amenazas a las familias o por falta de respaldo jurídico de las familias para, como suele suceder, hacer su propia investigación; o si fue por una mezcla de ambas.
Una y otra vez el periodismo nos recuerda, particularmente las televisoras con su amarillismo morboso y sus noticieros vacuos, que preguntar no es investigar. Que evitar las preguntas correctas, aunque toquen a los poderosos, no es hacer buen periodismo. Buscar todas las fuentes, escuchar a las víctimas, sí, pero a la vez utilizar sus pistas para seguir a quienes han puesto a las víctimas en semejante situación, es enterar a la sociedad de los entresijos de esa historia.
El no ir detrás de los perpetradores para investigar, no buscar y cuestionar a las redes de poder, a todos los actores de la historia, puede nulificar esa realidad y debilitarla, hasta que se convierta en parte del anecdotario de las infamias mexicanas.
Si el detalle morboso, no investigado, se repite una y otra vez durante una semana, o un mes, llega a convertirse en un elíxir inmunizante. Hasta que quien escucha cambia la estación, el canal o la página. Algunos le cambian porque no pueden más con la impunidad, otros porque no entienden que la historia de Leticia Valdez no es la de un niño violado y una madre desesperada, es la historia de un México productor de pornografía infantil, de un México donde el robo de niños y niñas se relaciona, en muchos casos, con la explotación sexual. La historia de un país donde desde el poder político y judicial los pedófilos se fortalecen, se une y celebran su poder.
Escuchar e investigar la historia de Doña Leticia Valdez, la madre del niño abusado por una red de pederastas y pornógrafos infantiles en Oaxaca, me hace pensar en ella; en sus noches oscuras, en su indignación, en su fragilidad, en sus miedos galopantes. En su esperanza.
Leticia Valdez narra una y otra vez aquél ignominioso siete de noviembre de 2006, el día en que descubrió que su hijo fue víctima de violación, cuando en el baño el pequeño se quejaba y suplicaba para no ir más a la escuela. Mientras los medios eluden el tema de fondo. ¿Por qué las otras madres y padres de criaturas violadas por el mismo clan y que producían pornografía infantil, han guardado silencio? ¿Por qué el Procurador General Eduardo Medina Mora insiste en el noticiero de Loret de Mola que las violaciones a los Derechos Humanos denunciadas por Amnistía Internacional son casos individuales? ¿Por qué las y los fiscales especiales niegan la existencia de redes de pornografía que las y los periodistas y las propias víctimas demuestran una y otra vez que sí existen? Las redes de impunidad para los grupos criminales no se tejen en silencio, sino a la vista del país entero. Se tejen desde el poder.
Cuántas veces más Leticia tendrá que repetir: “Él ya no quería ir a la escuela, ponía resistencia, tenía pesadillas, se escondía, y no dormía. El niño estaba aterrado. Después de ir a terapias dibujó lo que los violadores le hacían, pues lo video grabaron, ahora ya está mucho mejor”. ¿Cuantos millones de madres y padres mexicanos tendrán que salir a los medios a anunciar que abusaron de sus criaturas y que por decir la verdad están bajo amenazas de muerte?
¿Por qué el caso Valdez llegó hasta la Suprema Corte de Justicia?
No llegó porque haya pruebas suficientes para ser contemplado por el tribunal supremo como un caso ejemplar de abuso sexual infantil; aunque algunos ministros intenten llevar agua a ese molino. Ni llegó porque a la Suprema Corte le interese preguntar a Ulises Ruiz cuál es su papel en el caso de obstrucción de justicia y colusión de servidores públicos. Ni para averiguar por qué cuando los violadores estaban a punto de ser arrestados por agentes federales, la policía estatal impidió el arresto.
El caso no llegó a la Suprema Corte porque Ulises Ruiz, gobernador constitucional de Oaxaca protege indirectamente a la red de pederastas. Ni llegó a la corte porque uno de los abogados de los pederastas y de sus cómplices, es Jorge Franco Jiménez, padre de Jorge Franco Vargas, actual presidente del PRI en Oaxaca. Ni tampoco llegó a la Corte porque los pederastas, que son muchos y muy bien acomodados en el empresariado y en la política oaxaqueña, veracruzana y poblana, aceitaron la maquinaria de la impunidad. Ni a la Corte le interesará el porqué del silencioso proceder de el Secretario General de Gobierno, Manuel Teofilo García Corpus; del Procurador General de Justicia, Evencio Nicolás Martínez Ramírez; del secretario de protección ciudadana, Sergio Segreste Ríos. O del Secretario Ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Publica, Alberto Alejandro Márquez Moreno.
Pero la sociedad no se puede equivocar; el caso no fue atraído por la Suprema Corte porque sea del interés de la mayoría de ministras y ministros, sino porque los abogados de Doña Leticia hicieron bien su trabajo y tienen derecho a impedir que los pederastas queden protegidos por la ley y consigan un amparo del Tribunal Superior de Justicia en Oaxaca. Es el trabajo de la Corte revisar ese amparo.
Hay que recordar el informe “Infancia Robada: Niñas y niños víctimas de explotación sexual en México”. En Acapulco, Cancún, Ciudad Juárez, Guadalajara, Tapachula y Tijuana se estimó que había 4 mil 600 niñas y niños en esa situación en el año 2000; en la Ciudad de México 2 mil 500; en otras zonas como Monterrey, Puebla y León, mil; en otras zonas turísticas importantes como Puerto Vallarta, Cozumel, Playa del Carmen, Mazatlán, Veracruz, Los Cabos, La Paz, Manzanillo, Ixtapa, Huatulco, mil 500. Leticia salvó a su niño, lo escuchó y reaccionó a tiempo.
El gobierno del estado de Oaxaca también salvó a los suyos. Mientras tanto la producción de pornografía infantil “casera” como le llama un agente de INTERPOL, crece bajo el amparo del poder.
El Procurador General encontrará argumentos para convertir este, como millones, en “casos individuales” de violación a los Derechos Humanos. Ignorando el papel que juega la utilización del poder del estado en defensa de los delincuentes. Pero ya sabemos que a los Derechos Humanos los expulsa de México el gobierno federal y les escupe en el rostro José Luís Soberanes, el Ombudsman que sueña con llegar a la Suprema Corte; para ello se ha preparado.
Los atentados contra Leticia y su familia no quedarán silenciados. La sociedad vigila a Ulises Ruiz y a sus redes que protegen a la pornografía infantil. Una cosa queda clara: Ni Leticia, ni su familia están solas. Millones de mexicanas y mexicanos estamos a su lado.

Ordenan aprehensión de 5 policías que arrestaron a Lydia Cacho

Después de 29 meses de que ocurriera la detención de la periodista Lydia Cacho, un juez de Quintana Roo ordenó la aprehensión por delitos graves a cuatro de los cinco policías que participaron en la captura de la periodista en diciembre de 2005, informó Xavier Olea, abogado de la periodista.
El representante de Lydia Cacho señaló que el Juzgado Primero de lo Penal con sede en Cancún, Quintana Roo, fue el que libró las órdenes, por abuso de autoridad, contra los policías poblanos José Montaño Quiroz, Jesús Pérez Vargas, Irene Arteaga Rangel y Verónica Chávez Cruz.
La Procuraduría General de la República consignó el expediente por el delito de tortura pero como al final el caso terminó en el fuero común y en esa jurisdicción no existe tal ilícito, un tribunal le ordenó al juez local aplicar el Código Penal Federal en forma supletoria, explicó.
Xavier Olea agregó que en cualquiera de los casos, el delito que se imputa a los acusados es de carácter grave, lo que implica que no tendrán el beneficio de la libertad bajo fianza en caso de ser capturados. Cabe mencionar que el Procurador de Justicia de Puebla ha declarado que si sus oficiales le solicitan apoyo jurídico el estado poblano cuyo jefe es el gobernador Mario Marín, les dará la asesoría jurídica para defenderlos de las acusaciones de Lydia Cacho.

Por otro lado, Olea señaló que la PGR no solicitó en este expediente la captura del empresario Kamel Nacif, ya que decidió dejar abierto un desglose en la Fiscalía de Periodistas para, supuestamente, continuar con la investigación en su contra por los delitos de tráfico de influencias y cohecho.
El 27 de noviembre del año pasado la Suprema Corte de Justicia de la Nación contaba con la investigación del Juez Juan Silva Meza en la que asegura la existencia de redes de pederastia y pornografía infantil y confirmó la participación de 40 servidores públicos confabulados en la detención, tortura y encarcelamiento de la periodista; con al finalidad de acallar su trabajo que rebela redes de tratantes de menores. Sin embargo seis jueces, de los cuales 2 son mujeres, votaron para eliminar la investigación sobre pornografía y pederastia y terminaron por proteger a la Red de pederastas y al Gobernador Mario Marín (PRI).
El gobernador Mario Marín, bautizado como “Gober precioso” por Kamel Nacif, puso en 2005, al aparato de justicia poblano al servicio de Kamel Nacif, protector y socio del pederasta Jean Succar Kuri, y a pesar de las pruebas contundentes, el máximo tribunal decidió proteger a la red de corrupción política que protege a los pedófilos y tratantes de niñas y mujeres.
Marín, durante una reunión con diputados del PRI, aseguró que a él lo salvó el congresista Manlio Favio Beltrones, al negociar políticamente que quedara impune.