INCREASING VIOLENCE IN MEXICO

On this war agaist drugs promoted by the American government and celebrated by our President Felipe Calderon, civil society is loosing the most.
Calderon chose to deploy Mexican troops to act as policemen in a country with a weak rule of law (to say the least) and has not touched the dirty money of the drug  cartels, so they keep the pipeline of weapons flowing from the U.S.  to Mexico. With those weapons criminals are killing their enemies-policemen, soldiers and other drugdealers-, but have also assasinated  thousands of people to create terror and promote more violence. Journalists, women, children, students and teachers have died by the hundreds. Things will get worst and Human Rights have to be protected. The Merida Plan implemented and signed by the American government is nothing else than a good business for American jackal companies that are selling us guns. This is not the war against drugs, but one that has an impact on economics, on governance, on international relations (with the US) and on social and health issues. This is a war the Mexican people did not ask for, it was instrumented by DEA  even before Calderon took office.

Lydia Cacho
A speciallist voice:
A threat against the Zetas by a group called México Unido Contra los
Zetas
, after a 2 hour firefight in the city of Torreón on Sunday and
the death of 12 civilians on Saturday night point that this will be
the new territory that will see clashes between rival organized crime
groups as a result of the changes in the structures and the formation
of new alliances.
The city of Torreon is currently controlled by the Carrillo
Fuentes/Beltran Leyva and Zeta clan, under the command of Sergio
Villareal Barragán (former member of the Carrillo Fuentes DTO). The
confrontation between DTO’s is converging towards terrorist acts
intended to reduce the logistical support of the rival DTO by scaring
the population and local police and authorities.

El diputado que odiaba a los negros

Plan b
Lydia Cacho
Cuando el diputado Ariel Gómez León dijo que los damnificados haitianos -que llevaban semanas de hambre y sed- no tenían cara de necesidad “sino de abusivos insaciables”, sacó del clóset al fantasma del racismo latente y presente entre nosotros. Basta leer las crónicas sobre Haití, casi todas impregnadas de un racismo incontenible. El prejuicio miedoso a la negritud, al “salvajismo” negro se refleja en la culpabilización de los haitianos de su propia tragedia. Los cascos azules se van a sus estaciones antes de que anochezca porque temen “una revuelta”. No es lo mismo la desesperación de un país en ruinas, azotado por el hambre y el dolor de la tragedia, que una rebelión salvaje. Y el pueblo haitiano está en la primera circunstancia, no en la segunda.
Casi nadie habla de que Haití fue el primer país en abolir la esclavitud y que pagó caro su atrevimiento con Francia y Estados Unidos, quienes lo invadieron y endeudaron hasta ahorcarle. Primero lo debilitaron y aislaron, luego lo trataron con un paternalismo perverso y debilitante. La actitud de los soldados americanos ahora es la del reconquistador intolerante y prejuicioso convencido de que es superior a esos negritos peligrosos. Ese miedo a los “otros con voz” es el mismo que impulsó a los virreyes españoles a crear la política de Limpieza de sangre en México, misma que heredamos y hemos alimentado hasta convertirnos en un país profundamente racista.
El poder del racismo es acumulativo y, como establece jerarquías naturalmente excluyentes, se adopta fácilmente. La visión político-jurídica del virreinato se convirtió en cultura para justificar el maltrato y juzgar las diferencias, para ordenar la catequización y para disponer de mano de obra indígena esclavizada. Hoy en día la constitución marca la igualdad social;  sin embargo las prácticas muestran lo contrario.
Como el 80% de las y los mexicanos, las personas indígenas son arrestadas, juzgadas y sentenciadas en procesos ineficientes, corrompidos y manipulados y, además, se les aplica el agravante de su raza e idioma. En  México existen 62 lenguas indígenas reconocidas y 364 variantes, los juzgados carecen de traductores y se ha documentado que las personas indígenas, particularmente comunicadores, activistas de derechos humanos y civiles o ambientales, reciben las penas más severas del país; más severas que aquellos no indígenas sentenciados por secuestro, asesinato y narcotráfico.
Somos el país de “los inditos”, de “nuestros indígenas”. También de los pinches indios, indios patarrajada, de los “son pobres porque quieren”. El país que expulsó a los chinos y que controla la entrada de negros. En Oaxaca los grupos indígenas han derramado sangre para ser reconocidos y escuchados sin embargo la Guelaguetza es la única manifestación cultural indígena políticamente correcta.
En México por un lado se encarcela a campesinos ecologistas, por otro el turismo vende al exterior un espectáculo étnico folklórico, sin fomentar el comercio justo. La riviera Maya recibe miles de turistas que ven a “los mayitas” en un montaje artificioso que les acepta como objetos decorativos de los vestigios arqueológicos, pero no como ciudadanos plenos.
Los valores del racismo establecen jerarquías que justifican los privilegios del grupo dominante, sólo pueden suprimirse cuando cada persona se escuche a sí misma y erradique el racismo de su vida y su entorno. Cuando el doble discurso no nos traicione, como al diputado.