ULISES RUIZ: PROTECTOR DE PEDERASTAS

Por Lydia Cacho
Hace tres meses, me buscó la madre de una de las niñas que fuera utilizada, a los 5 años, para fabricar pornografía infantil por la red de Succar Kuri, protegido de Kamel Nacif, de Mario Marín y Emilio Gamboa, entre otros. Con la mirada inundada de desesperanza, con la voz cansada, con la ira colgada de su pecho, me dijo que luego de casi cuatro años de abogados, de juicios, de amenazas de muerte, Succar otra vez quiere que su hija vaya a verlo y declare por enésima vez. Y la niña, ahora de quince años, habla de quitarse la vida si la fuerzan a ir al penal de La Palma a ver a su abusador; si otro juez se atreve a pedirle que narre sus recuerdos de terror infantil. Y la madre dice que si tiene que matar a alguien, pues mata, pero a su hija no la vuelven a llevar a un juzgado. Y menos aun cuando la Suprema Corte avaló la protección de Kamel Nacif Y Mario Marín, la protección a la red de pederastas y políticos que se protegen por intereses compartidos, intereses empresariales, políticos, de lavado de dinero. Pero no va a matar a nadie, volverá a su hogar a soñar que algún preso compasivo asesina al pederasta en su celda. Ese es el sueño que le permite dormir, que le da esperanza.
A esas madres se suma una más joven, de Oaxaca, llena de orgullo maternal, de dignidad, cuenta una y otra vez las historias. Su mirada muestra cómo su corazón ya está al borde del desconsuelo. Trae consigo los videos –como los traían las víctimas de la red de Succar Kuri-, lleva consigo fotografías y peritajes médicos del daño ocasionado a su bebé por los pederastas. Y habla, y habla para que su país le crea, le crea que aquello que está más que probado, mas que demostrado sí sucedió. Que lo real es cierto.
Leticia Valdez Martell, en su periplo agotador por los medios, busca con la fortaleza de una madre arquetípica, que los culpables paguen por eso que se ve en los videos, por violar bebés en una escuela y grabarles para producir pornografía infantil.
Mientras ella se atreve a decir la verdad, Ulises Ruiz da órdenes para silenciarla. Según una secretaria del juzgado de Oaxaca, hay órdenes precisas del gobernador para que el caso se dilate, para que no se sigan acumulando pruebas. Ordenes para que se apague el caso en el cuál está implicados la propietaria del Instituto San Felipe, Yolanda León Ramírez, su esposo, Hugo Gabriel Constantino, su sobrino y profesor de ese centro escolar, Alan Salvador Pérez Ramírez. Pero no están solos. Han sacado ya de la Procuraduría de Oaxaca doce expedientes de casos similares con los mismos implicados pero a los cuales se suman nombres de agentes de la policía estatal de Veracruz y de Oaxaca. Personajes del PRI estatal y según las fuentes, un pedófilo perteneciente al PRD de esa entidad. Ninguno de esos expedientes tiene seguimiento; no pude averiguar si fue por amenazas a las familias o por falta de respaldo jurídico de las familias para, como suele suceder, hacer su propia investigación; o si fue por una mezcla de ambas.
Una y otra vez el periodismo nos recuerda, particularmente las televisoras con su amarillismo morboso y sus noticieros vacuos, que preguntar no es investigar. Que evitar las preguntas correctas, aunque toquen a los poderosos, no es hacer buen periodismo. Buscar todas las fuentes, escuchar a las víctimas, sí, pero a la vez utilizar sus pistas para seguir a quienes han puesto a las víctimas en semejante situación, es enterar a la sociedad de los entresijos de esa historia.
El no ir detrás de los perpetradores para investigar, no buscar y cuestionar a las redes de poder, a todos los actores de la historia, puede nulificar esa realidad y debilitarla, hasta que se convierta en parte del anecdotario de las infamias mexicanas.
Si el detalle morboso, no investigado, se repite una y otra vez durante una semana, o un mes, llega a convertirse en un elíxir inmunizante. Hasta que quien escucha cambia la estación, el canal o la página. Algunos le cambian porque no pueden más con la impunidad, otros porque no entienden que la historia de Leticia Valdez no es la de un niño violado y una madre desesperada, es la historia de un México productor de pornografía infantil, de un México donde el robo de niños y niñas se relaciona, en muchos casos, con la explotación sexual. La historia de un país donde desde el poder político y judicial los pedófilos se fortalecen, se une y celebran su poder.
Escuchar e investigar la historia de Doña Leticia Valdez, la madre del niño abusado por una red de pederastas y pornógrafos infantiles en Oaxaca, me hace pensar en ella; en sus noches oscuras, en su indignación, en su fragilidad, en sus miedos galopantes. En su esperanza.
Leticia Valdez narra una y otra vez aquél ignominioso siete de noviembre de 2006, el día en que descubrió que su hijo fue víctima de violación, cuando en el baño el pequeño se quejaba y suplicaba para no ir más a la escuela. Mientras los medios eluden el tema de fondo. ¿Por qué las otras madres y padres de criaturas violadas por el mismo clan y que producían pornografía infantil, han guardado silencio? ¿Por qué el Procurador General Eduardo Medina Mora insiste en el noticiero de Loret de Mola que las violaciones a los Derechos Humanos denunciadas por Amnistía Internacional son casos individuales? ¿Por qué las y los fiscales especiales niegan la existencia de redes de pornografía que las y los periodistas y las propias víctimas demuestran una y otra vez que sí existen? Las redes de impunidad para los grupos criminales no se tejen en silencio, sino a la vista del país entero. Se tejen desde el poder.
Cuántas veces más Leticia tendrá que repetir: “Él ya no quería ir a la escuela, ponía resistencia, tenía pesadillas, se escondía, y no dormía. El niño estaba aterrado. Después de ir a terapias dibujó lo que los violadores le hacían, pues lo video grabaron, ahora ya está mucho mejor”. ¿Cuantos millones de madres y padres mexicanos tendrán que salir a los medios a anunciar que abusaron de sus criaturas y que por decir la verdad están bajo amenazas de muerte?
¿Por qué el caso Valdez llegó hasta la Suprema Corte de Justicia?
No llegó porque haya pruebas suficientes para ser contemplado por el tribunal supremo como un caso ejemplar de abuso sexual infantil; aunque algunos ministros intenten llevar agua a ese molino. Ni llegó porque a la Suprema Corte le interese preguntar a Ulises Ruiz cuál es su papel en el caso de obstrucción de justicia y colusión de servidores públicos. Ni para averiguar por qué cuando los violadores estaban a punto de ser arrestados por agentes federales, la policía estatal impidió el arresto.
El caso no llegó a la Suprema Corte porque Ulises Ruiz, gobernador constitucional de Oaxaca protege indirectamente a la red de pederastas. Ni llegó a la corte porque uno de los abogados de los pederastas y de sus cómplices, es Jorge Franco Jiménez, padre de Jorge Franco Vargas, actual presidente del PRI en Oaxaca. Ni tampoco llegó a la Corte porque los pederastas, que son muchos y muy bien acomodados en el empresariado y en la política oaxaqueña, veracruzana y poblana, aceitaron la maquinaria de la impunidad. Ni a la Corte le interesará el porqué del silencioso proceder de el Secretario General de Gobierno, Manuel Teofilo García Corpus; del Procurador General de Justicia, Evencio Nicolás Martínez Ramírez; del secretario de protección ciudadana, Sergio Segreste Ríos. O del Secretario Ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Publica, Alberto Alejandro Márquez Moreno.
Pero la sociedad no se puede equivocar; el caso no fue atraído por la Suprema Corte porque sea del interés de la mayoría de ministras y ministros, sino porque los abogados de Doña Leticia hicieron bien su trabajo y tienen derecho a impedir que los pederastas queden protegidos por la ley y consigan un amparo del Tribunal Superior de Justicia en Oaxaca. Es el trabajo de la Corte revisar ese amparo.
Hay que recordar el informe “Infancia Robada: Niñas y niños víctimas de explotación sexual en México”. En Acapulco, Cancún, Ciudad Juárez, Guadalajara, Tapachula y Tijuana se estimó que había 4 mil 600 niñas y niños en esa situación en el año 2000; en la Ciudad de México 2 mil 500; en otras zonas como Monterrey, Puebla y León, mil; en otras zonas turísticas importantes como Puerto Vallarta, Cozumel, Playa del Carmen, Mazatlán, Veracruz, Los Cabos, La Paz, Manzanillo, Ixtapa, Huatulco, mil 500. Leticia salvó a su niño, lo escuchó y reaccionó a tiempo.
El gobierno del estado de Oaxaca también salvó a los suyos. Mientras tanto la producción de pornografía infantil “casera” como le llama un agente de INTERPOL, crece bajo el amparo del poder.
El Procurador General encontrará argumentos para convertir este, como millones, en “casos individuales” de violación a los Derechos Humanos. Ignorando el papel que juega la utilización del poder del estado en defensa de los delincuentes. Pero ya sabemos que a los Derechos Humanos los expulsa de México el gobierno federal y les escupe en el rostro José Luís Soberanes, el Ombudsman que sueña con llegar a la Suprema Corte; para ello se ha preparado.
Los atentados contra Leticia y su familia no quedarán silenciados. La sociedad vigila a Ulises Ruiz y a sus redes que protegen a la pornografía infantil. Una cosa queda clara: Ni Leticia, ni su familia están solas. Millones de mexicanas y mexicanos estamos a su lado.

A RE-AWAKENING IN MAPUTO

By BENON HERBERT OLUKA
(On meeting Mexican journalist Lydia Cacho)

A first prize in the 2007 Akintola Fatoyinbo Africa Education Journalism Award presented me with the opportunity to get away from my hectic schedule in Kampala and earn a most longed for two-week rest in the beautiful Mozambican coastal capital, Maputo.
The 10 days in Maputo, and another four in Johannesburg, have not just enabled me to slow down; they are also affording me a number of fascinating and inspiring chance encounters.
On May 3, for instance, I was among the hundreds who gathered at the Joaquim Chissano International Conference Centre to witness the presentation of the 2008 UNESCO/Cano World Press Freedom Prize to Mexican Journalist Lydia Cacho Ribeiro.
This particular ceremony was graced by several dignitaries, including Mozambican President Armando Guebuza, former President Joaquim Chissano and the UNESCO Director General, but it was Ms Cacho who – rightly – took centre stage.
When the 45-year old journalist stepped up to make her acceptance speech, it turned out to be so powerful that it earned her a standing ovation from nearly everyone in the hall.
“By honouring me tonight you are recognizing the talent of my teachers, of the hundreds of women, men and children who have trusted me with their personal histories, their tragedies and their triumphs. Somehow they knew I would honour their trust by doing my job as a journalist,” she said.
The inspiring thing about Ms Cacho’s story is that she has faced several hurdles in her career, but did not lose her resolve. In her 18 year journalism career, Ms Cacho has been the target of repeated death threats because of her work, especially when she reported about a peadophile ring that included powerful figures in Mexican politics. Her car was sabotaged and she was the victim of police harassment.
“When I was tortured and imprisoned for publishing the story of a network of organised crime in child pornography and sex tourism, I was confronted with the enduring question of the meaning of life. Should I keep going? Should I continue to practice journalism in a country controlled by 300 powerful rich men? Was there any point to demanding justice or freedom in a country where 9 out of every 10 crimes are never solved? Was it worth risking my life for my principles? Of course the answer was… yes,” said Ms Cacho.
But her works have also earned her international acclaim. Besides the $25,000 World Press Freedom Award, she was awarded the Francisco Ojeda Award for journalistic courage in 2006 and, in 2007, the Amnesty International Ginetta Sagan Award for Women and Children’s Rights.
In a moving speech, Ms Cacho told the reasons why she has persevered against the odds. She told of having been contented to keep the promise she had made to the little girls who were abused by pedophiles and child pornographers, and who asked her to tell their stories. She called on other journalists to uphold the virtues of their calling.
“As journalists we should never become messengers of the powers that be. Nor should we surrender to fear and self censorship,” she said.
Three days later, I stood at the very podium that Ms Cacho had used; it was my turn to deliver my acceptance speech for the Africa Education Journalism Award to the 600 delegates and more than 50 education ministers attending the 2008 Biennale on Education in Africa.
Ms Cacho had raised the bar so high with her speech; I did not try to emulate her. I only spoke about the need for politicians to always keep it in mind that the decisions they make can change or ruin the lives of their people. I asked them to ensure that even the ordinary persons in the most remote part of their country get a fair deal from their governments.
For my own speech, I did get a resounding handclap from all in the Joaquim Chissano International Conference Centre that evening. Whether the politicians took the words to heart is another matter. The task for me now, and several other journalists, is to continue to make sure that the politicians are accountable to the people who entrusted them with the duty of making the policies that guide the destiny of their country.
This is no easy task; but Ms Lydia Cacho Ribeiro has once again reminded us all that it can be done. (Publised at BENON HERBERT OLUKA`S BLOG)

Ni con Dios ni con el Diablo

Publicado el lunes 26 de mayo, 2008 en El Universal y otros diarios. 

Una familia en Tamaulipas perdió a su hijo adolescente en una balacera entre narcotraficantes y policías locales. En Sinaloa una pareja con tres hijas se envía mensajes sms cada vez que salen de algún sitio; su barrio se ha convertido en territorio narco. En Chihuahua, Baja California, Michoacán, Guerrero y Quintana Roo, los gobernadores piden al gobierno federal que el Ejército se haga cargo de las batallas entre narcos y policías corruptos.

Cada vez más familias viven en carne propia el sentido de la palabra “guerra” contra el narco. Como en todas las guerras, la sociedad civil queda al margen y se convierte en rehén de las dos partes: el enemigo a vencer y el ejército aliado a policías de dudosa reputación. Las guerras son escenarios idóneos para violar todos los derechos humanos.
Se dice que criticar la presencia del Ejército o la violencia generada por esta batalla, equivale a favorecer al crimen organizado. Reducir el debate de los derechos humanos a un “conmigo o con el diablo” es tanto como asegurarnos de que en aras de librarnos de la terrible violencia que el crimen organizado ha sembrado en nuestras comunidades, debamos someternos a sus efectos secundarios sin chistar.
Queremos, claro está, que el crimen organizado sea reducido por las autoridades. Pero hemos visto cómo el Ejército oculta los abusos de poder y delitos contra la sociedad cuando está bajo las “presiones de la guerra”.
La ONU argumenta que el menosprecio de los derechos humanos ha originado actos de barbarie ultrajantes para la humanidad. Carlos Castresana Fernández, coordinador de la Oficina de las Naciones Unidas sobre las Drogas y el Crimen (ONUDC), señaló en 2007 el peligro de una guerra contra el narco en que no hubiese mecanismos de protección de derechos humanos. Señaló los vínculos de corrupción entre gobiernos y criminales y fue requerido por Felipe Calderón e informado que su presencia era “accesoria”. Días después la ONU trasladó a Castresana a Guatemala. Recientemente Amerigo Incalcaterra, representante de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, insistió en el peligro de la militarización en México y la ausencia de justicia y seguridad para las mayorías. El Ejecutivo le invitó a un par de reuniones para revisar sus observaciones. El experto en derechos humanos se va del país. La diplomacia impide a ambos declarar toda la verdad sobre su salida.
Sí, es cierto que estamos en peligro en manos del crimen organizado, y que corresponde al Estado asegurarnos un país libre de violencia. Pero no pueden arrebatarnos el derecho a evidenciar los abusos que se cometan en nombre de esa lucha. Mentir sobre la expulsión de estos personajes no nos dejará en paz. El país, lo dijo Calderón, está en guerra, y aumentará la violencia. ¿Qué pasará si la violencia que aumenta es en contra de toda la sociedad? ¿Qué significan los derechos humanos para el gobierno federal en una situación de guerra? Les debemos a Incalcaterra y a Castresana su profesionalismo y compromiso con México.
 
 
www.lydiacacho.com   

Ordenan aprehensión de 5 policías que arrestaron a Lydia Cacho

Después de 29 meses de que ocurriera la detención de la periodista Lydia Cacho, un juez de Quintana Roo ordenó la aprehensión por delitos graves a cuatro de los cinco policías que participaron en la captura de la periodista en diciembre de 2005, informó Xavier Olea, abogado de la periodista.
El representante de Lydia Cacho señaló que el Juzgado Primero de lo Penal con sede en Cancún, Quintana Roo, fue el que libró las órdenes, por abuso de autoridad, contra los policías poblanos José Montaño Quiroz, Jesús Pérez Vargas, Irene Arteaga Rangel y Verónica Chávez Cruz.
La Procuraduría General de la República consignó el expediente por el delito de tortura pero como al final el caso terminó en el fuero común y en esa jurisdicción no existe tal ilícito, un tribunal le ordenó al juez local aplicar el Código Penal Federal en forma supletoria, explicó.
Xavier Olea agregó que en cualquiera de los casos, el delito que se imputa a los acusados es de carácter grave, lo que implica que no tendrán el beneficio de la libertad bajo fianza en caso de ser capturados. Cabe mencionar que el Procurador de Justicia de Puebla ha declarado que si sus oficiales le solicitan apoyo jurídico el estado poblano cuyo jefe es el gobernador Mario Marín, les dará la asesoría jurídica para defenderlos de las acusaciones de Lydia Cacho.

Por otro lado, Olea señaló que la PGR no solicitó en este expediente la captura del empresario Kamel Nacif, ya que decidió dejar abierto un desglose en la Fiscalía de Periodistas para, supuestamente, continuar con la investigación en su contra por los delitos de tráfico de influencias y cohecho.
El 27 de noviembre del año pasado la Suprema Corte de Justicia de la Nación contaba con la investigación del Juez Juan Silva Meza en la que asegura la existencia de redes de pederastia y pornografía infantil y confirmó la participación de 40 servidores públicos confabulados en la detención, tortura y encarcelamiento de la periodista; con al finalidad de acallar su trabajo que rebela redes de tratantes de menores. Sin embargo seis jueces, de los cuales 2 son mujeres, votaron para eliminar la investigación sobre pornografía y pederastia y terminaron por proteger a la Red de pederastas y al Gobernador Mario Marín (PRI).
El gobernador Mario Marín, bautizado como “Gober precioso” por Kamel Nacif, puso en 2005, al aparato de justicia poblano al servicio de Kamel Nacif, protector y socio del pederasta Jean Succar Kuri, y a pesar de las pruebas contundentes, el máximo tribunal decidió proteger a la red de corrupción política que protege a los pedófilos y tratantes de niñas y mujeres.
Marín, durante una reunión con diputados del PRI, aseguró que a él lo salvó el congresista Manlio Favio Beltrones, al negociar políticamente que quedara impune.
 
 

Y tu, ¿explotas a alguien?

Columna de Lydia Cacho publicada en El Universal y varios diarios nacionales.

Lydia Cacho
Cuando  era niña mi madre nos advertía que nunca hiciéramos caso a desconocidos que quisieran regalarnos dulces o llevarnos a algún lugar. En la colonia Mixcoac, donde crecimos, rondaba una vieja apodada “la robachicos”. Una niña de 5 años desapareció. Luego se supo que había una gran banda que les vendía para prostituirles. La idea además de espeluznante nos parecía irreal.  Ahora las autoridades  hablan de la Trata de menores y personas adultas como “la esclavitud del Siglo XXI”.
En 1990 la ONU determinó que deben combatirse los diversos tipos de Trata: de mujeres, de menores, de hombres; para explotación laboral, sexual, servitud doméstica y adopción ilegal. México por sus altísimos niveles de corrupción e impunidad, es un país en el cual se incrementa la trata interna e internacional.
Millones de niñas indígenas son vendidas a familias ricas y de clase media alta. Las dueñas de la casa las explotan doce horas diarias, les permiten salir unas horas el domingo y les arrebatan el derecho a al educación y a la libertad. Argumentan que les dan de comer y deberían agradecer la buena cama y el techo. Kamel Nacif trae a cientos jóvenes chinos para su maquiladora, al pedir los permisos de internación al Instituto Nacional de Migración,  le asegura  al Agente que no deben preocuparse de que los chinos escapen, él los tendrá encerrados en las galeras de su maquiladora, porque le cuesta 5 mil dólares traer a cada uno y no les dejará ir hasta que recupere la inversión y la triplique al menos. Un hotelero español de la Riviera Maya quiere construir su hotel en un tiempo récord. Un sujeto le ofrece traer a 400 albañiles de Chiapas que trabajarán día y noche sin pedir nada más que un salario mínimo, tacos de frijol y un petate. Trae camiones e implementa galeras en las que los jóvenes tzotziles y tzeltales viven  con techo de lámina, a 40 grados  centígrados, en piso de tierra, sin servicios y sin derechos. Argumentan que les dan a los indios la oportunidad de su vida. Un argentino ex militar abre un Puticlub en al zona hotelera de Cancún, trae mujeres de Cuba, Argentina, Brasil y Venezuela. Les coopta sus papeles y las explota. Su clientela es la más poderosa del polo turístico. Consigue que un juez le ampare para que ni el gobernador pueda sacar el prostíbulo de la zona de lujo. La Trata no sería tan buen negocio si no estuviera insertada en la estructura empresarial y gubernamental, con protección policiaca y cuentas bancarias localizables.
En tanto el gobierno mexicano no revise cómo se inserta la Trata en los regimenes migratorios, en el fortalecimiento de la industria maquiladora basada en el cohecho; en el servicio doméstico, o en el castigo de la prostituta y no del consumidor, poco podrá hacer. Mientras tanto miles de niñas, niños y  personas adultas serán vendidas. Y encima la justicia culpabilizará a las madres por distraerse, y a los indígenas y a las mujeres por caer en el engaño y la esclavitud. www.lydiacaho.net

EL ARBOL DE MIS RECUERDOS

 LYDIA CACHO 
 
No bastan las palabras, le dije a Michelle mi guía Socé*, “para comunicarnos necesitamos abrir  el corazón”. El me mira y gustoso me cuenta en francés  la historia de las castas, de sus esposas, de sus hijas que ahora viven y estudian en Bélgica.
Quiero ir al bosque de Baobabs, le pido. Él me cuenta la anécdota de cómo los Wolofs mantuvieron su historia viva.
Son una de las etnias más importantes del Africa negra, y sin embargo no desarrollaron ningún tipo de escritura, ni siquiera grafología; nunca pintaron nada. Es por ello que los contadores de historia eran primordiales en todos los reinos; y a pesar de su importancia,  de recorrer las tribus de una en una contando cuando, cómo y por qué sucedía la vida… la paz, la guerra los nacimientos y las muertes en Senegal y Burkina Fasso, los historiadores ambulantes eran considerados una casta  indigna. Cuando fallecían, para no ensuciar la tierra con sus cuerpos difuntos, los enarbolaban en un orificio labrado en los Baobabs. Luego el árbol poco a poco cubría con su corteza el área por la cuál entraba el cuerpo y poco a poco, con los años llegaba a convertirse apenas una boca abierta, en un ojo para mirar al mundo desde adentro.
Así es como los bosques de Baobabs  se convirtieron en el espíritu de la memoria africana y, en ellos, con el ojo de mi cámara descubro rostros y miradas milenarias. Un viento fresco recorre mi cuerpo, soy testiga muda de una presencia inexplicable. Del origen…
Guardamos silencio por un momento. Mientras recorríamos el asfalto  rugoso y dolido de abandono en un Renault destartalado, con las ventanas abiertas y el sol a plomo, yo recordaba el libro favorito de mi adolescencia temprana: el Principito de Sain Exupery.
El recorrido por la sabana africana me refrescó la memoria, develó el rostro de una amistad  que en aquél entonces (tendría quince años) tuve con un joven de ojos bellos, espíritu libre y corazón bueno…Enrique. Juntos pasamos  tardes enteras saboreando las metáforas de el Principito, mirábamos el dibujo del Baobab que ilustraba las páginas; en nuestra ignorancia creímos que era un árbol ficticio. Hace años que no veo a ese amigo, pero hay amistades que no son de este mundo y por eso jamás se olvidan.
Le pedí a Michelle que se detuviera cuando me sentí conmovida ante un inmenso Baobab que me miraba. Me bajé del auto y toqué con las palmas de las manos la piel rugosa de aquél imponente árbol. Encontré mi Baobab en África… recordé a un amigo del alma.
Me acerqué el árbol de la memoria, sin importarme el espectáculo absurdo de una mujer adulta en la carretera africana abrazando un soto añoso e inmenso, lleno de vida y memoria.
Contuve unas lágrimas que atropellaban mi voluntad para florecer en mis pupilas. ¡Cómo extrañaba en ese instante una amistad de esas que conocen mis dudas y misterios, para decirle Yamarek y que me respondiera sonriendo: Yamarek!. Que mirando a mis ojos supiera que a mis treintaytantos años me sentí nuevamente de dieciséis; con la extraña noción de ser incapaz de comprender el mundo y a los hombres y mujeres que lo habitan; con la paradójica  y absurda sensación de que no puedo andar por la vida realmente viva si no intento acercarme a la mujer o al hombre prójimo, para poder decirle “hoy aprendí algo nuevo gracias a ti, a tu forma de ver, crear y sentir el mundo”. Así era mi amigo, advertía el mundo de una forma distinta y lo perdí una tarde lluviosa en Paris, cuando él quiso madurar y yo le recordaba su pasado.
Ya de vuelta nos detuvimos en un pueblo llamado Thies, allí compré dos esculturas de la amistad, la vendedora me prometió que si la guardo con cariño un día reencontraré a mi amistad perdida; la otra debo darla a una amistad del alma como augurio de nunca perder nuestro amor del espíritu.
Yamarek…estoy en paz. Eso he aprendido hoy, bajo la luz del atardecer en la sabana africana, sentada en la carretera escribo: Entiendo por fin lo que me han dado las personas africanas, siempre fue antecedido por cuatro palabras de su idioma materno: Salam Alekum “Que Dios te bendiga”, Alekum Salam “Dios te acompañe”, Ilya Nikiyam “Que la paz sea contigo” y “Estoy en paz”…Yamarek.
Eso es, a pesar de sentirme ajena al mundo, en el cual la pandemia de SIDA es apabullante, luego de mirar una pobreza que tanto se parece a la pobreza extrema de México, y de no comprender tanto dolor rodeado de música y rituales, siempre puedo recordar que mi país hay gente buena, hombres y mujeres que sueñan con erradicar la pobreza, la corrupción, la violencia; amigas y amigos que entenderán lo que es mirar a un Baobab y no poner en duda que una mujer o un hombre sabio habitan su interior.
Puedo  poner mi mano en el pecho, escuchar mi corazón vivo y decir…Yamarek, estoy en paz. Y seguiré soñando con que todas y todos los ciudadanos del mundo podamos un día vivir en armonía, entre nosotros y con la naturaleza,
 

UNESCO AWARD CEREMONY GUILLERMO CANO FREEDOM OF SPEECH 2008: LYDIA CACHO

UNESCO AWARD CEREMONY GUILLERMO CANO FREEDOM OF SPEECH AWARD 2008 LYDIA CACHO
Lydia Cachos´s speech
Mr President, Mr Director general of Unesco, Ministers, Ladies, Gentleman and fellow coleagues:
I feel honored to be with you tonight. This award may not protect me from death threats or from death itself. But it certainly helps to protect my written work and to enable a broader audience to know and understand the Mexican reality and the impact of the global crimes of trafficking in persons and of child pornography. By honoring me tonight you are recognizing the talent of my teachers, of the hundreds of women, men and children who have trusted me with their personal histories, their tragedies and their triumphs. Somehow they knew I would honor their trust by doing my job as a journalist. When I was tortured and imprisoned for publishing the story of a network of organized crime in child pornography and sex tourism, I was confronted with the enduring question of the meaning of life. Should I keep going? Should I continue to practice journalism in a country controlled by 300 powerful rich men? Was there any point to demanding justice or freedom in a country where 9 out of every 10 crimes are never solved? Was it worth risking my life for my principles? Of course the answer was… yes. Mexico, my homeland, is a country of 104 million people, a land of great landscapes, of magnificent rivers and unending green fertile mountains. Nonetheless Mexico exports 400 thousand people every year, men and women who flee to the United States, to escape hunger, poverty and violence. I grew up in a middle class neighborhood in Mexico City. My mother, a feminist psychologist, took me to the slums around town and told me that those kids—kids who were just like me—had no food and no chance to get an education. In this way she prepared me to be a citizen and what is now called a human rights activist. I was born a woman. I found in feminism a philosophy based on equality and peace. It led me to view life from a gender perspective. For years I have lived and moved between two worlds: being a feminist advocate against violence is the way I act as a citizen; being a journalist is the way I practice my profession. Every day I try to enlarge my ability to listen, to understand, to feel empathy, to question, to be truthful, to be ethical. By listening to peoples’ stories I learn ways to add insight and perspective to my coverage of human tragedy and human development. And also I test – as many of my colleagues do – my ability to stay alive. I am 45 years old, and I have spent most of my life trying to understand human nature. What makes us able to survive, to change, to evolve, to save or to harm each other? I’ve been watching the news and reading newspapers most of my life. I thought I understood the macro structures of oppression. I knew how the political system works to protect the rights of the elites, at the expense of the majority. But I was not aware what it felt like to be the subject of repression myself. When the mechanisms of state repression were used against me, I found myself in the strange position of being seen as a heroine simply for exercising –with some dignity– my right to freedom and justice. Thousands of people marched on my behalf. Most of the Mexican media covered my case for almost two years, until the powerful were finally able to buy the silence of some of them. Millions of citizens echoed my demand for freedom of the press and for the rights of the child victims I wrote about. I stood before the Supreme Court with a heart full of hope that they would defend our constitutional right to tell the truth without being tortured or incarcerated. Many thought there was so much hard evidence in this case that there would be no room for corruption. It seemed all of Mexico was hoping for a chance to believe that change was possible. Standing against us was a handful of well dressed lawyers in dark blue suits who defended the politicians I had accused of an unsavory relationship with pedophiles. But this handful of men was able to lobby the majority of Supreme Court judges to dismiss my freedom of the press case relating to child pornography and organized crime. And so I lost and so did my country. But here I am. I was lucky enough to elude death. I had the opportunity to report my own case, to live inside the story of an orchestrated campaign to protect the marriage between organized crime, businessmen and a corrupted government. But most of all I had the chance to keep my promises to the little girls who were abused by pedophiles and child pornographers, and who asked me to tell their stories. We journalists tend to believe that the shock provoked by reading such stories cannot fail to unite people of good will. That is one of the reasons we keep going against all odds. We know the power of compassion. As journalists we should never become messangers of the powers that be.Nor sould we surrender to fear and self censorship. And that is why we are here in Mozambique. We know there is something wrong with a world that favors a war economy instead of education, that favors silence instead of freedom and truth. A world in wich millions of chldren orphans of the HIV-AIDS pandemia are unimportant to the rest of the world.There is something wrong in a world where racism and sexism separates us from each other.
This gathering symbolizes our determination to keep on going…with cool heads and warm hearts…and to keep on writing. To keep on living with hope.
——– Lydia Cacho Ribeiro Maputo, Mozambique. May 3rd 2008